viernes, abril 16, 2021

El calvario de 470 venezolanos varados en Madrid por Conviasa

NASTASCHA CONTRERAS

Por siete días, 220 pasajeros del vuelo 3013 de Conviasa que debió salir el 22 de julio desde Madrid, estuvimos varados en la capital española. La mayoría somos venezolanos, siete eran españoles que viajarían de Maiquetía a Cuba. En la “semana de vacaciones con todas las comidas incluidas” que nos dio Conviasa -y que no podemos ni calcular cuánto le costó- no recibimos ninguna visita de la Embajada o el Consulado de Venezuela en España. Una o dos veces al día recibíamos a Fernando Riego, jefe de Operaciones de Conviasa en Venezuela, para darnos la misma noticia: no hay avión, están varados por tiempo indefinido.

Esos siete días, personas con cáncer, hipertensos, diabéticos y hasta una en silla de ruedas (a quien enviaron el quinto día junto a otros 9 venezolanos en un vuelo de Air Europa el sábado 26 de julio) tuvimos que adaptarnos primero al encierro. Para salir de Barajas al centro turístico había que pagar por lo menos 8 euros (autobús hasta Ciudad Lineal y de ahí metro hasta Gran Vía), tomar un café sería otros 2 euros. Las tarjetas de la mayoría habían sido bloqueadas el 22 de julio por el control cambiario, el efectivo escaso en la mayoría de los casos se guardaba para alguna emergencia o para volver a forrar las maletas (envolver cada maleta costaba 10 euros, por esos algunos llevaban su propio envoplast).

Sin dinero, con hijos pequeños, bebés todavía lactantes, no quedó otro remedio que esperar.

Los primeros cuatro días estuvimos en el hotel Axor Barajas y Axor Feria, hoteles cuatro estrellas y de diseño, donde teníamos derecho a una llamada, a las tres comidas con un menú de verano (pasta, patatas fritas, pescado, cerdo, carne, pollo) la rutina fue comer, esperar, reclamar y dormir.

El tercer día se nos sumaron otros 250 pasajeros que debían volar con Conviasa. Los llevaron al hotel Diana con piscina y sus tres comidas aseguradas, como nosotros también tenían derecho a una llamada diaria. La libertad condicional se extendía a 470 pasajeros.

La historia de los venezolanos varados en Madrid tiene las particularidades de cada caso, pero lo común para todos fue sentirse menos ciudadanos (tras los reclamos efectuados la respuesta siempre fue la misma: son venezolanos, la aerolínea es venezolana, España no puede hacer nada) y menos libres. Vivir en un refugio cuatro estrellas no resuelve los días de trabajo perdido, el tiempo alejado de la familia, los compromisos no cumplidos.

#MADURISMO #02Ag 
►Viajar en Conviasa, un suplicio para los venezolanos
►♪En Conviasa el tiempo pasa sufriendo♫
► http://t.co/u9dMyFx2OO

(Foto: @TBENAVIDES1)

 

VARADOS POR TIEMPO INDEFINIDO

El 22 de julio llegar temprano al aeropuerto Adolfo Suárez de Barajas no sirvió de nada. Ese día después de una larga fila de check in, 220 pasajeros con, por lo menos 500 maletas detrás del mostrador de Air Europa, recibieron uno a uno la noticia: “No viajarán hoy. El vuelo 3013 de Conviasa está suspendido de forma indefinida. La situación es crítica, no hay avión”. Eso repetían una y otra vez los empleados del aeropuerto.

Yo escuché la noticia en la fila del Tax Free. Como la mayoría de los venezolanos que hacíamos la cola para chequearnos, dividí fuerzas. Mientras mi novio hacía la fila del chequeo, yo era la número 80 en la fila del Tax Free. Venezolanos con hasta diez sobres esperaban que les sellaran la factura que los eximía del IVA y que les daría el retorno de una parte de sus gastos. Después de selladas las facturas había que cobrar antes de embarcar, siete días pasaron antes de poder atravesar la aduana.

Delante de mí, una pareja que iba hacia San Cristóbal comentaba la noticia, había perdido su conexión. Como ellos, personas de Puerto La Cruz, Mérida, Margarita, Puerto Ordaz, Valencia, Maracaibo estaban preocupadas porque para ellos perder este vuelo significaba perder otro. En el aeropuerto de Barajas no había nadie a quien reclamar. La oficina estaba cerrada, y así permaneció varios días que insistí en acercarme.

En cinco autobuses nos trasladaron al hotel Axor Barajas y Axor Feria. Ahí tenían las habitaciones preparadas. A Conviasa no le había caído por sorpresa que hoy no volaríamos.

Un pendón en el hotel decía “Desde 55 € la noche”. Sacar cuentas da dolor: ¿cuánto costaría una estadía indefinida a 55 € la noche? Ese martes a las 6:00 pm por primera vez alguien de la aerolínea venezolana vino a vernos, no era venezolano, sino español. Fernando Riego, jefe de Operaciones de Conviasa en Madrid. Se presentó, dijo que no tenían avión, que Blue Panorama –la aerolínea italiana con la que Conviasa tenía contrato hasta diciembre– había roto el contrato. En idioma llano: dejó el pelero, entre los pasajeros el rumor era distinto: como que Conviasa no paga.

Cuando los reclamos se hicieron a viva voz, el jefe de operaciones escuchó, no podía hacer nada. Esperaban conseguir avión. “No tenemos una fecha, el vuelo está suspendido de forma indefinida, hasta que consigamos avión. Pueden ser tres horas o tres días”. La respuesta no satisfizo a la audiencia: Queremos que nos indemnicen, no tenemos para un café, ni para los pañales, ni para las pastillas para la tensión. La desesperación en el grupo no duraba todo el día, en las comidas, en las salidas al centro comercial cercano, en los paseos hacia el hotel Diana donde llevaron a los otros venezolanos e incluso en las idas y venidas al aeropuerto de Barajas, el ánimo de los varados se mantenía alto. “Yo no pude llegar a mi trabajo. Le pedí a mi socio que abriera el negocio, ahora cuando llegue me quedaré una semana directo”, dijo un maracucho luego de poner su reclamo en la AENA.

Llevaba consigo varias planillas para otros familiares. La esperanza se cernía en que desde España pudieran ejercer presión. Llenamos tres planillas de reclamos: la de Conviasa, la de AENA y algunos en la web de reclamador.es.

El 24 de julio, cuando teníamos dos días varados, comenzaron a llegar las respuestas:
“Aena S.A. carece de competencias legales para resolver este tipo de problemas, ya que no existe vinculación jurídica entre la compañía aérea y el gestor aeroportuario”

“Soy Pilar González , tu abogada de reclamador.es por la cancelación del vuelo de Conviasa, me gustaría comentaros que vuestra reclamación es válida y os corresponden la cantidad de 600€ a cada uno de vosotros. Sin embargo, con vuestras reclamaciones no podemos acudir a la vía judicial en España ya que muchos de vosotros habéis aportado el pasaporte de Venezuela y la aerolínea es de Venezuela…”

Entonces no sentimos al margen de toda ley. Sin que los representantes de la Embajada de Venezuela o el Consulado de Venezuela en España se acercaran hasta el hotel. No había nada que hacer, podríamos estar ahí todo el tiempo que quisieran, ninguna autoridad venezolana se pronunciaba por nosotros.

Ese jueves el VO3013 de Conviasa que debía salir el jueves también fue suspendido. Mi novio Daniel y yo nos acercamos al hotel Diana, a conocer los rostros de los nuevos compatriotas varados. Como nosotros el primer día, aún no le habían visto la cara a nadie de Conviasa. En Venezuela se recordaba el natalicio del Libertador y nadie hablaba de nosotros.

 

QUE NO LOS DEJE EL AUTOBÚS

El viernes quienes ya cumplíamos cuatro días varados supimos que el sábado nos desalojarían del Axor. Nos mudarían a un apartahotel cercano. Ese día no almorzamos ni cenamos en el hotel, dos autobuses que hacían dos viajes cada uno, nos trasladarían a almorzar al restaurante Los 5 Pinos, cerca de donde nos quedábamos. Si no estabas a la hora, el autobús te dejaba. Ahora no sólo estábamos encerrados, sino que la libertad de comer en un margen de tres horas quedó reducida a la disponibilidad del transporte.

“Parecemos cochinos, comer y dormir, eso es lo único que queda, nos llevan en el autobús como cochinos”, bromeaba una muchacha que también había perdido su conexión en Caracas.

Sin divisas, algunos tenían sólo 3 euros pues habían gastado lo último que les quedaba en envolver las maletas que tuvieron que deshacer cuando se prolongó la espera, en el grupo el ánimo trataba de mantenerse. Los que tenían un poco de efectivo aprovechaban para comprar cerveza en unos chinos cercanos, porque salir del hotel hacia las zonas turísticas era impensable para la mayoría: ocho euros en ir y volver, pues debía tomarse autobús y luego metro. “¿Cómo nos gastamos 20 euros en ir al Parque El Retiro?”, decía un padre de San Cristóbal con dos bebés. “Los niños siempre se antojan de algo”, agregaba su esposa. Eran una familia numerosa, no tenían privilegios para volver por tener niños pequeños. Cada día salían tres aviones de Madrid a Caracas, pero Conviasa no reubicó a ningún pasajero en listas de espera (hasta el viernes, ese día 10 personas volvieron a Caracas).

El quinto día los medios españoles comenzaron a cubrir la noticia. Venezolanos varados, casi 500 venezolanos varados, sin un euro. El País, El Mundo, Televisión Española, Telemadrid, Telecinco, Telecuatro. Para todos fuimos noticias. Conviasa entonces publicó un comunicado: El lunes volverían los varados. El lunes seríamos repatriados. Pero Riego no sabía nada, eso nos dijo en el Axor.

 

Asi duermen venezolanos varados en España porque el regimen maula no paga a aerolineas http://t.co/RYDpep8mTa

(Foto: @kikoperezm)

 

¡ES EL COLMO!

El sábado Riego nos informó que el lunes los pasajeros varados desde el 22 de julio volveríamos. Y volveríamos en un avión de Blue Panorama. Al parecer, la aerolínea italiana había restaurado relaciones. “¿Eso quiere decir que ya les pagaron?”, dijo un pasajero a Riego, que no contestó.

La tranquilidad volvió en la mayoría de los viajeros. Algunos hicieron compras de último minuto: bolsas de Primark, H&M y también cajas de envoplast se veían entre los pasajeros. El domingo supimos que los varados del jueves también viajarían el lunes, pero con Iberia.

Los pasajeros que habían arribado a las 10:10 a Maiquetía con Blue Panorama debieron esperar casi dos horas para que comenzaran a salir los equipajes. Una, dos, tres, la cuarta maleta estaba abierta, habían roto el candado. Los pasajeros comenzaron a gritar, otras dos, tres, diez maletas con candados abiertos y ropa a la vista. “Están robando las maletas, hagan algo”. Le digo al joven del chaleco naranja, encargado de reclamos que llame y pida que dejen de robar.

-Yo no tengo potestad para llamar, ni para bajar. Yo solo puedo darte esta hoja para que hagas la denuncia.

Gritos, golpes a la cinta de seguridad, la rabia de haber estado siete días extraviados no fue suficiente. Además robaron las maletas al llegar a Caracas. Un señor de unos 70 años mostraba que le habían abierto tres maletas, no puso el reclamo, estaba cansado. Otros tampoco los pusieron, un vuelo de 9 horas, 7 días varados en otro país, a qué llenar más hojas de reclamo. Otro joven con camisa anaranjada insistía en llamar por un walkie-talkie.

-Estoy llamando allá abajo y no me contestan.

-Hoy tenemos trabajo -dijo el que entregaba las hojas de reclamación sin importar que los datos estuvieran correctos.

Así fue la bienvenida en el aeropuerto internacional Simón Bolívar de Maiquetía. Para otros el periplo no había terminado, caminaban en dirección al terminal nacional. Para ellos el otro viaje apenas comenzaba.

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