martes, junio 22, 2021

La radio venezolana cumple 95 años

Juan Ernesto Páez-Pumar O.

El domingo 23 de mayo de 1926 se produce un hecho histórico en Venezuela. Por primera vez  se escucha el sonido de un invento relativamente reciente, que apenas está propagándose por los países más importantes de aquel entonces. Llegaba la radio al país.

Sería la radioemisora AYRE la pionera, por iniciativa de dos emprendedores venezolanos, Luis Roberto Scholtz y Alfredo Möller, quienes entusiasman sobre esta idea al coronel del Ejército de aquel tiempo, Arturo Santana, edecán del general José Vicente Gómez, inspector general de las Fuerzas Armadas Nacionales y uno de los hijos predilectos del dictador de turno, Juan Vicente Gómez.

Dos años antes, el 25 de septiembre de 1924, el Ministerio de Fomento había otorgado el permiso para la instalación de esa primera emisora, según consta en la Gaceta Oficial de esa fecha, bajo el número 15.396.

Foto: Cortesía

“Por disposición del ciudadano Presidente de la República se concede al Coronel Arturo Santana, permiso especial para introducir, vender, arrendar y establecer en Venezuela aparatos para el servicio particular de radio-conciertos(…)”, indica el texto de este documento.

Esta licencia le dada a AYRE un monopolio de lo que hoy se llama el “espectro radioeléctrico” venezolano. ¿Esto por qué? Sencillamente porque solo esta estación podía operar en el país y ninguna otra. Es decir, no tendría competencia alguna.

Otro elemento peculiar resultó la “modalidad de negocios” que aplicó la empresa Ayre Broadcasting Co para el sustento de su negocio. Los socios, Santana, Scholtz y Möller, no usarán la publicidad, ni patrocinio alguno para generar ganancias. Resulta llamativo que, para esa época, casi un siglo ya, crearían una suerte de “radio por suscripción”.

Los clientes interesados debían comprar los aparatos radiorreceptores, lo que equivaldría al decodificador y la antena parabólica de la tv paga del presente, y además una cuota mensual de Bs 20 por el servicio. Al cambio de la época, eran $6,06, pues la divisa estadounidense se cotizaba a Bs 3,30 por unidad ese año y el resto de la dictadura de Juan Vicente Gómez.

La emisora AYRE tenía su “show room” o tienda de Sociedad a Camejo, en el centro de Caracas. Allí los interesados iban a comprar los aparatos de su preferencia o al alcance de su presupuesto y hacían el contrato respectivo. Todos los datos del contratante, dirección exacta y teléfono, eran entregados además al Gobierno para mayor control de este nuevo medio de comunicación social.

Foto: Cortesía

«Por los lados del Nuevo Circo se levantaron unas torres negras y la gente entonces empezó a especular: ‘Esas torres las mandó a poner el general Gómez para todos los que hablábamos, para llevarnos después a la cárcel… No, esas torres son para iluminar el Nuevo Circo, porque cuando hay corridas a las cuatro de la tarde, hay que suspenderlas por falta de luz’ Pero nada de eso era cierto porque esas torres eran para la emisora AYRE», contaba como anécdota una de las pioneras de la radio venezolana, Cecilia Martínez, testigo de excepción de aquellos acontecimientos.

La emisora AYRE sufrió al poco tiempo el ataque de un mal que parece ancestral en la sociedad venezolana: “la piratería”. Casi de manera simultánea con su entrada en operaciones, los dueños de la estación detectaron la presencia en Caracas de unos aparatos caseros que permitían captar la señal de sus ondas hertzianas, sin necesidad de comprar un radiorreceptor “de marca” en el show room de la empresa. A aquellos artefactos se les conoció como las “radios de galena”, construidas con una piedra imantada sulfurosa y una bobina.

Este fue un duro golpe económico para AYRE. La emisora nacía, entonces, con “plomo en el ala”. Sin publicidad para generar ingresos, los suscriptores no aumentaban por la presencia de la radio de galena.

Otro problema que se presentó en el horizonte fue el surgimiento de brotes subversivos en el país, como la Semana del Estudiante en 1928 y otras intentonas para derrocar al dictador, general Juan Vicente Gómez. Incluso, su hijo José Vicente, inspector general de las Fuerzas Armadas y el gran mecenas de la empresa Ayre Broadcasting Co, también “cae en desgracia” por diferencias con su padre y es enviado al exilio. A José Vicente se le acusó de querer “apurar” la sucesión en el poder y de organizar el atentado contra su tío, Juancho Gómez.

Todos estos elementos empujaron a Arturo Santana, Luis Roberto Scholtz y Alfredo Möller a tomar una drástica decisión: apagar AYRE.

En 1929 Venezuela se queda en “mute”… Ese sonido que había maravillado el 23 de mayo de 1926 a los criollos desaparecía.

Pero el silencio no fue muy largo, pues el 10 de diciembre de 1930 las ondas hertzianas se activan de nuevo en esta Tierra de Gracia con la aparición de la YV1BC Broadcasting Caracas, que con el tiempo se conocería como Radio Caracas Radio.

@JuanEPaezPumar

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