Los cambios de temperatura no solo pueden afectar la salud, también la piel corre peligro, pues éstos estresan la barrera cutánea al forzar una rápida contracción y dilatación de los vasos sanguíneos, refiere la Inteligencia Artificial.
En líneas generales, las variaciones entre frío y calor provocan deshidratación, enrojecimiento, descamación y agravamiento de afecciones crónicas, además de, alterar la producción de sebo y debilitar la protección natural de la piel.
¿Qué le hacen los cambios de temperatura a la piel?
Según los expertos, los cambios de temperatura pueden tener impactos notables en la piel, ya que afectan a procesos fisiológicos como la circulación sanguínea, la producción de sebo y la hidratación.
Por ejemplo, el frío puede despojar a la piel de su humedad natural, y esto puede llevar a la sequedad, descamación e incluso a la aparición de grietas; además, puede hacer que la piel luzca pálida y fatigada. Mientras que el calor desencadena un aumento en la producción de sebo, lo que lleva a la obstrucción de los poros y el desarrollo de problemas como el acné. Además, la exposición prolongada al sol sin la debida protección puede causar arrugas prematuras y aumentar el riesgo de cáncer de piel.
¡Cuídala!
Hidrata la piel con lociones ricas en ceramidas y aplica bálsamo labial inmediatamente tras el contraste térmico. También se debe evitar el agua muy fría o muy caliente y las duchas prolongadas porque generan mayor resequedad de la piel. “Lo ideal es emplear agua tibia, no ducharse más de una vez al día y aplicar una crema hidratante después de la ducha”.
Por otra parte, seca la piel con toquecitos sin frotar, y aplica diariamente protector solar, aunque esté el día nublado o no te expongas directo a los rayos solares; pues los cambios bruscos alteran su barrera natural y la vuelven más vulnerable.
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