La práctica constante de la estimulación cognitiva genera profundos beneficios en el sistema nervioso. Según la Sociedad Española de Neurología, mantener un entrenamiento mental activo favorece la creación de nuevas conexiones sinápticas y retrasa el deterioro cognitivo. Los tres beneficios principales de esta práctica son:
- Optimización de la memoria: facilita la retención y recuperación de información a corto y largo plazo.
- Incremento de la concentración: reduce la distracción y fortalece la capacidad de atención sostenida.
- Mayor agilidad mental: acelera los tiempos de procesamiento y la resolución de problemas cotidianos.
Una rutina de inicio:
1. Lectura en dirección invertida: consiste en tomar un texto breve y leerlo comenzando desde la última palabra de cada frase hasta llegar a la primera. Esta tarea obliga al cerebro a romper los patrones automáticos de lectura, estimulando la atención visual y la flexibilidad cognitiva.
2. Cálculo mental sin apoyos digitales: se realizan operaciones aritméticas básicas de forma progresiva —como sumar o restar de siete en siete a partir de un número de tres cifras— sin recurrir a papel, lápiz ni calculadoras. Esta actividad activa la memoria de trabajo y la concentración profunda.
3. Dibujo simultáneo con ambas manos: tomar un lápiz en cada mano y trazar formas geométricas simétricas —como círculos o triángulos— al mismo tiempo sobre una hoja de papel estimula la comunicación entre ambos hemisferios cerebrales y mejora la coordinación motora fina.
Tan importante como el cuidado del cuerpo y el espíritu está el cuidado de la mente para lograr mantener la mayor tonicidad integral al paso del tiempo.
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