Danayzet Faure: Trabajar con los perritos fue mi manera de sanar

“Me encargué de hacer un directorio de negocios venezolanos para mostrar quiénes somos realmente”

Viernes, 09 de octubre de 2026 a las 07:00 am
Danayzet Faure: Trabajar con los perritos fue mi manera de sanar

En el marco del Mes de la Herencia Hispana, la historia de Danayzet Faure, una abogada venezolana que hoy se desempeña como groomer en Arizona, se convierte en un testimonio de reinvención y profundo arraigo cultural.

Migró hace más de ocho años, dejando atrás su profesión, su ciudad y parte de su familia, para enfrentarse a un país donde todo era nuevo y donde el idioma se convirtió en una barrera inicial.

Su llegada estuvo marcada por pérdidas sucesivas. “Cada vez que atendía el teléfono era para decirme que se había muerto alguien”, relata. Entre esas despedidas dolorosas estuvo la de su tía Nena, figura fundamental en su vida, y su perrito Nicolás.

Ambas muertes coincidieron con el inicio de su proceso migratorio. “Mi Nicolás y mi tía Nena se pusieron de acuerdo y me dictaron este negocio”, dice hoy, convencida de que su camino hacia el grooming nació de un momento de desesperación, pero también de amor.

Durante sus primeros meses en Estados Unidos, sobrevivió como pudo: aplastaba latas de cerveza para venderlas, también vendió, pedazo a pedazo, una pulsera de oro heredada de su madrina. “La pulserita se estaba acabando y yo decía: ‘¿Ahora qué vamos a hacer?’”, recuerda. Sin familia cercana y con recursos limitados, la migración se convirtió en una prueba emocional extrema.

La idea del grooming surgió una madrugada, casi por intuición. “A las 2:00 a.m. descubrí que aquí el algoritmo es perfecto. Escribí el anuncio con las palabras perfectas… que me imagino que dictó mi tía y Nicolás”, cuenta.

Publicó un aviso en Marketplace ofreciendo baños para perros, sin experiencia previa, pero con una necesidad profunda: sanar. “Yo necesitaba la conexión de un perrito para superar lo que estaba pasando”.

Era 2019, plena pandemia. Las grandes empresas que trabajan con este servicio estaban cerradas y los dueños de mascotas buscaban alternativas. Su teléfono no dejó de sonar. “Tenía que hacer 14 perritos diarios… empezaba a las 8 de la mañana y seguía hasta las 2 o 3 de la madrugada”. Ese anuncio sigue vigente hoy y continúa generando clientes.

No podía tener un perro en la casa donde vivía, no hablaba inglés, no tenía trabajo y estaba atravesando una depresión profunda. “No es solo que se me murió una tía… es que perdí Caracas, perdí el Ávila, perdí mi profesión, perdí todo”.

Con el tiempo, ese impulso inicial evolucionó en Dana Grooming, un emprendimiento que hoy atiende a decenas de familias en Arizona y que representa la capacidad de reinvención de la comunidad hispana. “La gente cree que yo estaba trabajando mucho para sacar adelante a mi familia… pero en realidad yo lo que estaba era sanando”, confiesa.

Z3D: ¿Cómo fuiste transformando ese inicio en lo que es hoy tu proyecto?

DF: Pienso que los conocimientos son la base de la diversión. Comencé con una tijera de la tienda del dólar, una tijera normal; un secador prestado de la señora donde vivía y un poquito del champú mío. Con eso salí a la calle a atender al primer perrito. Ese perrito estaba enmarañado, me tardé cuatro horas haciéndolo con la tijera. Cobré 25 dólares y el señor dijo que me los iba a llevar a la casa. Aún sigo esperando. Nunca llegó. Trabajé gratis.

Aquí, cuando uno emigra, la gente abusa si muestras necesidad. Me pasó ahí y me pasó en otros trabajos: pintaba casas, fui bartender, vendía paneles solares, sistemas de agua. Para todo tenía un bolsito. Un día me abrieron el carro y me robaron todo, hasta la agenda de mis perritos. Ese día entendí que tenía muchos trabajos, pero ninguno funcionaba. Lo único que servía bien era lo de los perritos. Me entregué al 100%.

Los mismos perritos te van dando el siguiente paso. Ahí empezó otra inspiración: cada vez que los bañaba, mis manos se resecaban. Aún hoy no uso guantes porque yo funjo como detector primario. Tocando al perrito sé si tiene una lesión.

Entonces decidí trabajar en algo que funcionara. Pero no hablo inglés, no conozco a nadie, no tengo amigos. Al final, el amigo de un amigo de un amigo de mi mamá dijo: “Toma, llama a ese señor”. Era un señor egipcio de un laboratorio. Habla muchos idiomas, pero el español lo habla lento, y yo soy de Caracas y hablo atropellada. Aprendí a hablar lento para él y un poquito de inglés para entender las necesidades de mi producto y lo logré.

Luego vino el miedo de la gente: “No se puede, si no tienes marca, si no tienes empresa registrada”. Tenía champú antes de tener la empresa. Entonces dije: “Tengo que aprender”. Ingresé en un programa que se llama acelerador de negocios, Fuerza Local. Ahí entendí cómo hacer negocios en Arizona. Registré mi compañía. Supe que mi champú estaba bien porque estaba hecho en un laboratorio con todas las formalidades de la FDA.

Ya con ese conocimiento, se acabaron los miedos. Forré la camioneta, puse el logo y los productos. Hoy tenemos tres fragancias, perfume, un cepillito especial para peinar perritos y en diciembre suelo tener ropa para ellos. Seguimos creciendo. La inspiración me la han dado los mismos perritos, nadie más.

Z3D: ¿Cómo sientes que el emprendimiento ha impactado en Arizona?

DF: El impacto es brutal. Lidero aquí una comunidad que se llama Negocios Venezolanos, somos 1000 y pico de personas, más de 150 negocios venezolanos. Ellos me inspiran. Tú te metes en el grupo y ves desde las 5:00 a.m.: empanadas por aquí, patacones por allá. Casi ni publico porque prefiero darle paso a ellos. A veces pienso: “Déjame publicar, porque yo no me voy a quedar atrás. Si ellos están luchando por sus sueños, ¿por qué yo no?”.

Aquí en Arizona me encargué de hacer un directorio de negocios venezolanos para mostrar quiénes somos realmente. Cuando empiezan a hablar mal de los inmigrantes, en especial de los venezolanos, presento ese directorio y digo: “Aquí está. Somos una comunidad multidisciplinaria”.

Z3D: Ahora, además de groomer, también escritora.

DF: Este libro se llama Disciplina y Destino, que nace del concepto “Disciplina, princesa”. Hablo de mi niñez, porque soy Asperger, diagnosticada muy chiquita. No es lo mismo serlo de niño que de adulto.

Relato mi experiencia, mi divorcio, la infertilidad, la pérdida de mi primer bebé, el nacimiento de mi hijo, el proceso de migración. Y al final hablo del terremoto del 24 de junio. Lo viví desde aquí y fue un tormento. Me preguntaban: “Dana, ¿te quieres ir a Venezuela así como estás?”. Yo decía: “Sí, daría lo que fuera por estar allá removiendo escombros y sacando a mi gente; hasta mis perros y los gatos hubiera sacado”. No se pudo. Desde aquí hicimos lo que pudimos para ayudar.

Z3D: ¿Qué ha sido lo más bonito que te ha traído la migración?

DF: Rescaté una perrita. Conocí amistades nuevas de diferentes culturas. Muchos venezolanos aquí terminan siendo familia. Verlos crecer da alegría. Hay gente que llegó sin oportunidades y aquí se reinventó. Verlos lograr cosas da satisfacción.

Te cuento algo: aquí hay un local que se llama Rinconcito Venezolano. Llegó hace tres años. Lo conocí en una rumba. Lo metí en mi grupo de negocios y lo empecé a promover. Hoy es un restaurante. Cuando pasaron los terremotos, le pedí que fuera mi centro de acopio. Él inauguraba su local grande ese viernes y aun así dijo que sí. La comunidad llenó el restaurante de donaciones. Eso es lo bonito: ver cómo crecemos juntos.

Z3D: ¿Y qué ha sido lo más doloroso de emigrar?

DF: Lo más doloroso son mis afectos. No estar con mi familia. Verlos crecer desde una cámara. Uno se siente como un espíritu que ve todo de lejos. Ves a tus niños crecer por una pantalla, los cumpleaños, todo. Extrañas sus momentos, porque sabes que si estuvieran contigo sería distinto. Pero dices: “¿Y si me regreso? ¿Cómo hago?”. Entonces: disciplina, princesa, ponte la ropita, sal a trabajar, te distraes… pero es fuerte.

Z3D: ¿Cómo Arizona ha moldeado a la persona que eres hoy?

DF: Arizona me ha transformado horrible. El calor te moldea, te hace tolerante. En Venezuela yo tenía un negocio parecido: atendía a la novia, la peinaba, maquillaba, hacía las uñas. Aquí entrego al perrito. El servicio es el mismo.

Allá nunca prosperó porque siempre tenía un plan B. Aquí no. Aquí, si Dana Grooming no funcionaba, me tenía que regresar porque la pulserita ya se había acabado. Me dediqué al 100 %. Si la Dana de Venezuela no hubiera tenido un plan B, probablemente tendría empresas grandes allá también.

Z3D: ¿Qué consejos le darías a alguien que vaya a emigrar?

DF: Primero: confía. Si Dios te dio la oportunidad de emigrar, es por algo. Aguanta. No todo es como lo pintan. En redes nadie pone lo difícil. El camino es complejo, pero sí se puede.

Segundo: sé constante. Conéctate con la comunidad. Promociónate. Ten paciencia. Cree en ti.

Por Wanda López Agostini
Fotos Cortesía
Coordenadas @danagrooming
 

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