Para entender por qué Manuel Mirabal es hoy un referente en propiedad intelectual y derecho del entretenimiento, hay que conocer su historia. No es la típica trayectoria de un abogado que siguió una tradición familiar; al contrario, es la historia de un joven que decidió dedicarse a este oficio para representar todo lo que su padre —quien no ve desde los siete años—, no fue.
El también músico cuenta cómo el bullying en el colegio lo convirtió en el defensor de sus amigos y cómo la filosofía de Platón le dio el propósito que buscaba. En esta entrevista, descubrimos que su llegada al Derecho fue casi un empujón del destino (y de su mejor amiga), pero que se quedó en la carrera gracias al consejo de una madre visionaria que le aseguró que las melodías y las leyes podían caminar juntas.
"Tú puedes seguir haciendo música y ser abogado", le dijo su mamá en aquel entonces. Y no se equivocó: no solo se decidió por el derecho, sino que vivió del arte durante todo su pregrado. Hoy conversamos con el hombre que entendió que la justicia es, en esencia, dar a cada quien lo que le corresponde, y que logró unir sus dos pasiones.
Z3D: ¿Cómo comenzaste a fusionar el derecho con la música?
MM: En segundo año de la carrera, en la materia de Bienes, descubrí los bienes intangibles. Cuando ella explicó que eran aquellos que no se pueden tocar, como los derechos de autor, todo cobró sentido para mí. Como fui músico durante todo mi pregrado —daba clases, cantaba y hacía música para teatro—, empecé a investigar por mi cuenta porque mis colegas siempre me hacían preguntas legales.
Me di cuenta de que la propiedad intelectual es un universo hermoso que está más cerca de la filosofía que del derecho tradicional. Por eso, hoy explico esta materia desde el mundo de las ideas de Platón. Al graduarme, decidí enfocarme exclusivamente en esta área por consejo de un amigo juez, quien me dijo que si aceptaba otros trabajos "mientras tanto", nunca sería feliz. Así fue como empecé a aplicar en firmas especializadas y abrí una nueva dimensión en mi carrera.
Z3D: ¿Cómo fue tu llegada al Servicio Autónomo de Propiedad Intelectual (Sapi)?
MM: Fue peculiar. Trabajaba para una transnacional española y cursaba dos posgrados simultáneamente (en la UCV y en la ULA). Tras obtener un promedio sobresaliente, me llamaron del SAPI para dar unas asesorías puntuales sobre regalías y derechos de autor. Inicialmente rechacé el cargo de director porque no quería ser funcionario público. Me enteré que había sido designado porque el celular me estaba reventando; había aparecido en Gaceta Oficial, decidí asumir el reto con el compromiso de realizar una gestión limpia.
Logramos humanizar la institución. En lugar de despedir gente, establecí sistemas de formación y becas para los empleados. A nivel operativo, redujimos los tiempos de registro de obras en un 1350 %: un trámite que antes tardaba siete u ocho meses pasó a durar entre uno y tres días.
Además, logramos que Spotify entrara oficialmente en Venezuela. Me encargué de esa negociación, demostrando que la ausencia de la plataforma no era un tema político, sino un conflicto de licencias con Sociedad de Autores y Compositores de Venezuela (Sacven) que pudimos resolver.
Z3D: ¿Cómo pasaste de la gestión institucional a ser creador de contenido?
MM: Ya creaba contenido, pero TikTok te obliga a buscar maneras dinámicas de resumir temas complicados en cápsulas. Mis alumnos de Music Business me decían que era lo mejor que me podía pasar, porque el formato me obligaba a ser directo.
Mi crecimiento ha sido orgánico; nunca he pagado publicidad. Simplemente trato de llevar el derecho a la cotidianidad, compartiendo desde el registro de marca de un artista hasta momentos personales. No armé un personaje; la gente ve allí a Manuel Mirabal, el que es cantante y fan de Dragon Ball. Una persona que disfruta el proceso de enseñar.
Z3D: ¿Cuál ha sido el caso más emblemático que has tratado en redes?
MM: Hay varios momentos. Casos como los de Nifu Nifa, la Billo’s Caracas Boys o el conflicto de "Diablitos vs. Diablillos" implican un ejercicio de justicia muy fuerte. También fue muy satisfactorio resolver el plagio de unos argentinos contra el artista Anrei y documentar todo el proceso legal para retirar la canción de las plataformas. Otros casos como el del fotógrafo y el Hotel Humboldt o la historia detrás de "Mi burrito sabanero" también han tenido mucho impacto.
Z3D: ¿Qué le falta a Venezuela en materia de propiedad intelectual?
MM: Falta ejercer el derecho. El derecho existe en la medida en que se ejerce; en Venezuela no ocurre nada porque no se denuncia, y en propiedad intelectual todo depende de la denuncia de la parte interesada. A veces pensamos que en Venezuela no pasa nada, pero es porque no se denuncia por falta de información o viabilidad económica. Siento que se ha creado una suerte de conciencia colectiva donde entendemos que el derecho depende un poco de todos; ahora la gente etiqueta, critica y se involucra. Mi labor es dar herramientas que empoderen al ciudadano para que sepa que sí hay instituciones y leyes que funcionan si se saben utilizar.
Z3D: ¿Cómo se ha transformado tu visión de la justicia?
MM: La justicia es un ideal con el que se tiene que vivir día a día; no es algo rígido, tiene que ser flexible. Es tratar igual a lo que es igual y desigual a lo que es desigual. Hoy, como padre, trato de formar a mis hijos como ciudadanos justos, y siento que mi comunidad en redes conecta con esos mismos valores. No hago videos de bailes; hago contenido denso que ha funcionado porque hay mucha gente que busca principios y transparencia. La justicia también es ser flexible, saber escuchar las críticas y rectificar cuando es necesario para equilibrar las desigualdades.
Por Wanda López Agostini
Fotos Cortesía
Coordenadas @mirabalpim
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