Samara Moratinos: De las zapatillas de punta a la consagración en el Teatro Teresa Carreño

“El ballet te deja una disciplina impresionante y es algo que me ha servido mucho para enfrentar la vida”

Viernes, 30 de octubre de 2026 a las 07:00 am
Samara Moratinos: De las zapatillas de punta a la consagración en el Teatro Teresa Carreño

Hay momentos en la infancia donde un deseo marca el rumbo de toda una vida. Para la bailarina venezolana Samara Moratinos, esa certeza llegó a los 3 años, cuando descubrió que su verdadera vocación no estaba en el zapateo del tap, sino en la disciplina, la elegancia y la mística de las zapatillas de punta y los tutús.

En el marco del Día Mundial del Ballet, la joven artista rememora cómo aquel anhelo temprano terminó por transformarse en su profesión y en un proyecto de vida compartido en familia.

Sus primeros pasos en la danza clásica estuvieron guiados por el hallazgo de una escuela adecuada. Tras probar en distintas academias, la indicación de una espectadora orientó a su madre hacia la academia de la maestra Nina Novak.

A pesar de las dudas iniciales de su entorno sobre la adaptación de una niña pequeña a la exigencia de la música clásica, recuerda haber salido de su primera clase con una gran sonrisa.

Aunque el deseo de dedicarse a la danza estuvo presente desde su niñez, la transición formal hacia el profesionalismo se concretó en 2019, cuando obtuvo una beca de estudios para cursar ballet clásico en la ciudad de Nueva York.

Para asumir esta oportunidad, debía retirarse del sistema escolar tradicional e ingresar a un formato de educación flexible, una decisión poco habitual para su entorno. El compromiso definitivo se selló tras una conversación familiar en la que sus padres le manifestaron su respaldo incondicional ante la exigencia que implicaba dar ese paso.

Z3D: ¿Cómo ha cambiado tu relación con la disciplina y el dolor a lo largo de los años?

SM: Cada mes, cada año que va pasando, te vuelves mucho más disciplinada. Mucho más estricta cuando estás interpretando un papel.

Como bailarina principal del Teatro Teresa Carreño, tienes una responsabilidad muy grande con el público. Por lo menos yo soy muy perfeccionista y hasta que algo no me salga, no me voy del salón.

A través de los años, creo que la disciplina ha ido creciendo bastante y es una exigencia que nosotras como bailarinas principales siempre tenemos.

En cuanto al dolor, siempre van a haber dolores, que salen ampollas, tenemos muchas lesiones, pero tratamos de concientizar mucho lo que siente nuestro cuerpo y cuidarnos bastante.

Z3D: ¿Qué parte del entrenamiento diario exige más de ti en esta etapa de tu carrera?

SM: El entrenamiento diario es muy difícil. El ballet es una constante búsqueda de perfección y de superación.

Desde que uno empieza en la mañana que hace su barra, siempre trata de seguir creciendo y eso es super exigente, porque hay días en los que tu cuerpo no está tan bien como otros y hay días que te puede fallar un paso. Es una carrera sumamente difícil porque no importa cuántos años tengas practicando, siempre hay posibilidad de que te falle algo.

Z3D: ¿Cómo transformas la técnica pura en una emoción real sobre el escenario?

SM: Eso es un trabajo muy personal. Tienes maestros que te ayudan a lograr ese objetivo porque el ballet es hablar a través de los pasos.

No es tan sencillo como relatar algo, pero es entender a través de los pasos lo que estás haciendo. Por eso tenemos a los maestros repertoristas que nos enseñan esos detalles para que las emociones se puedan transformar en pasos y lo puedan entender.

Z3D: ¿Qué personaje ha dejado la marca más profunda en tu vida fuera del teatro?

SM: Tengo un personaje que me marcó muchísimo que fue cuando interpreté a Giselle. Esa es una historia muy fuerte de una muchacha enferma, con problemas en el corazón, que se enamora y resulta que el muchacho con el que se iba a casar, está comprometido con otra persona.

Ella agarró una locura y falleció de un ataque al corazón. Entonces, interpretar eso no es fácil, no es nada fácil pasar de enamorada, a la locura y fallecer. Conecté mucho con este personaje porque a mí me encantaba y siempre desde chiquita quería bailar Giselle.

Cuando terminaban los ensayos iba a mi casa y lloraba y no podía parar de llorar. Estuve meses llorando después. Mi mamá toda preocupada me decía, "¿Pero qué te pasa, Sami?" Yo decía, "No sé, mami, es que no puedo parar de llorar, me siento mal, me siento deprimida”.

Pero en el ballet me está yendo bien, los ensayos está todo bien, no entiendo qué me está pasando. Pasé meses igual, hasta que fueron las funciones y hablé con mi maestra.

Ella me dijo, "Sami, te está consumiendo el personaje." Yo me metí tanto en el personaje que me estaba afectando en la vida real. Tuve que ir a hablar con psicólogos y todo porque no podía parar de llorar. Y era porque de verdad en la vida real me sentía Giselle. Era como que yo no podía dejar a Giselle en el teatro y salir como Samara.

Z3D: ¿Qué lección del ballet te ha servido para enfrentarte a la vida fuera de la danza?

SM: Algo que me ha servido muchísimo en el ballet para la vida es la disciplina. Cuando uno tiene disciplina y quiere algo, va tras ello y hasta que no lo tenga, no se cansa. Siempre digo que cuando uno tiene disciplina, logra todo lo que desea.

El ballet te deja una disciplina impresionante y es algo que me ha servido mucho para enfrentar la vida.

Z3D: ¿Qué pasa por tu mente en el segundo exacto de silencio antes de que empiece la música?

SM: Tengo una rutina antes de cada función. Trato de arreglarme muy rápido. Soy la primera en subir al escenario a practicar todos los pasos que se me dificultan, a repasar y conectar con el escenario.

Me pongo a rezar y me digo que trabajé para esto, que esté tranquila y que disfrute el viaje porque cada función es un viaje diferente.

Z3D: Cuando miras atrás, ¿qué es lo que hace que todo el sacrificio haya valido la pena?

SM: Miro atrás y me hace sentir muy orgullosa de que todo lo que la Samara chiquita había soñado, se está logrando. Cada sacrificio, cada dolor, cada ampollita, valió mil veces la pena.

Es increíble poder trabajar de lo que amas y la Samara chiquita está muy orgullosa de la Samara grande. Eso me hace muy feliz.

Por Wanda López Agostini
Fotos Cortesía
Coordenadas @sami.moratinova

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