El uso extendido del aire acondicionado durante los periodos de intenso calor resulta indispensable para asegurar la comodidad y el bienestar dentro de los hogares, comercios y espacios de trabajo. No obstante, cuando estos equipos se emplean de manera inadecuada o constante, pueden producir alteraciones molestas en la salud respiratoria de las personas.
La exposición frecuente a ráfagas de aire frío genera problemas habituales en la garganta y las fosas nasales. Los médicos aclaran que el verdadero inconveniente no proviene directamente del sistema de refrigeración, sino del poco control sobre la temperatura interna y la falta de limpieza periódica en los aparatos.
Cuando los espacios cerrados sufren enfriamientos bruscos o acumulan polvo en sus filtros, las membranas nasales desarrollan inflamación e irritación continua. Esta situación afecta tanto a individuos saludables como a aquellos que padecen de asma o alergias previas.
Consecuencias del aire seco
El otorrinolaringólogo Santiago Parreño, especialista del Hospital Vall d'Hebron, destaca que mantener un equilibrio en la humedad del entorno es un factor clave para proteger nuestro organismo. Según explica el doctor, cuando el aire acondicionado reduce la humedad relativa del ambiente por debajo del 30 %, la mucosa nasal pierde su hidratación y disminuye su capacidad natural para filtrar y eliminar impurezas.
Este tejido requiere condiciones específicas para mantener activo el aclaramiento mucociliar, un mecanismo de limpieza biológica encárgado de defender al cuerpo contra bacterias y elementos extraños. Además, un ambiente excesivamente seco puede propiciar la irritación nasal incluso en personas sin rinitis previa.
¿Qué hacer?
Para prevenir estas molestias, el especialista aconseja fijar la temperatura de la habitación en torno a los 26 grados y evitar cambios térmicos de más de 12 grados al entrar o salir de un espacio climatizado. Asimismo, resulta indispensable vigilar que la humedad se sitúe siempre entre el 30 % y el 50 %, rango que se puede medir fácilmente mediante higrómetros sencillos o corregir usando un humidificador.
Por último, se debe evitar recibir el flujo de aire frío directamente sobre el cuerpo y realizar una revisión constante de los filtros del equipo, impidiendo que funcionen como un reservorio de ácaros, moho o polvo que terminen circulando de nuevo por la habitación.
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