La relación entre el movimiento físico, la salud postural y las emociones cotidianas es más estrecha de lo que habitualmente se piensa. La especialista en fisioterapia y movilidad Bibiana Badenes argumenta que el cuerpo humano refleja de manera constante las vivencias, el estrés y la historia personal de cada individuo.
En lugar de entender la postura únicamente desde un enfoque estético o rígido, la experta enfatiza que se trata de un mecanismo dinámico de adaptación continua frente al entorno y a los estados internos. El estilo de vida contemporáneo, marcado por la comodidad constante y la falta de estímulos físicos variados, está desconectando a las personas de su propia naturaleza corporal.
Ante esta realidad, comprender las señales del organismo y recuperar la conciencia sobre cómo nos movemos resulta fundamental para prevenir dolencias y mantener un bienestar integral a lo largo del tiempo.
Impacto del sedentarismo
Uno de los principales errores en torno a la salud física es la creencia de que existe una única postura correcta caracterizada por mantener la espalda totalmente erguida. La fisioterapéutica Bibiana Badenes desmitifica esta concepción estática y aclara que la verdadera clave reside en la variabilidad y la capacidad de adaptación del cuerpo. La rigidez, incluso cuando se adopta una posición teóricamente alineada, limita la agilidad y termina generando tensión innecesaria en la columna y el cuello.
La fisioterapeuta advierte sobre las limitaciones del estilo de vida moderno, señalando tajantemente que ninguna sesión de ejercicio en el gimnasio logra compensar el impacto negativo de permanecer ocho horas sentado de forma ininterrumpida.
Aunque el entrenamiento pautado es beneficioso, no sustituye la necesidad biológica de movimiento frecuente. Pasar jornadas completas en una silla sin pausas reduce drásticamente la movilidad articular y rigidiza el sistema nervioso.
Para contrarrestar este sedentarismo estructural, la especialista propone integrar pausas activas durante la jornada laboral, promoviendo acciones sencillas como levantarse, estirarse o caminar unos minutos cada hora.
La especialista destaca la diferencia entre el ejercicio estructurado y el movimiento natural, animando a recuperar gestos cotidianos diversos como bailar, agacharse o jugar en el suelo. Mantener esta flexibilidad no solo preserva la capacidad funcional durante el envejecimiento, sino que influye positivamente en el equilibrio emocional y la calidad de vida.
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