Desde hace poco más de medio siglo comenzó a ser común el término “segundo cerebro”. Su referencia inicial data de hace 28 años, cuando en 1998, el neurobiólogo estadounidense Michael D. Gershon, jefe del Departamento de Anatomía y Biología Celular de la Universidad de Columbia, publicó el emblemático libro "The Second Brain" (el segundo cerebro).
Desde entonces se hace referencia a términos asociados como prebióticos y probióticos. La mayoría no tiene una idea clara de qué son y la función de cada uno, aunque irónicamente, constituyen parte importante de la supervivencia misma de los seres vivos.
Para entenderlo de forma sencilla: los probióticos son los "inquilinos" beneficiosos y los prebióticos son su "comida". Los primeros, son microorganismos vivos (bacterias y levaduras) que, cuando se consumen en cantidades adecuadas, se instalan en el intestino y aportan beneficios directos a la microbiota y al sistema inmune.
Los prebióticos son compuestos no digeribles (principalmente fibras solubles y almidones especiales) que sirven de alimento selectivo para esas bacterias buenas del intestino, estimulando su crecimiento y actividad.
Funciones y fuentes donde conseguirlos:
Entre las utilidades de los probióticos figuran:
- Recomponer la flora intestinal después de tomar antibióticos.
- Reducir la duración de episodios de diarrea o estreñimiento.
- Aliviar síntomas leve del síndrome de intestino irritable.
- Fortalecer las defensas corporales en temporadas de infecciones.
En tanto que los prebióticos se encargan de:
- Mantener una población bacteriana saludable a largo plazo.
- Producir ácido butírico para desinflamar la mucosa del colón.
- Mejorar la absorción de minerales como el calcio y el magnesio.
- Ayudar a regular la glucosa y la saciedad.
Los probióticos han pasado por un proceso de fermentación natural donde las bacterias o levaduras se han multiplicado. Algunas de las fuentes más generosas son:
- Kéfir (de leche o agua): Es una de las fuentes más potentes, ya que contiene docenas de cepas distintas de bacterias y levaduras beneficiosas (supera al yogur tradicional).
- Yogur natural sin azúcar: Deben contener cultivos vivos y activos. Esa información debe estar en la etiqueta del producto.
- Chucrut y Kimchi: Vegetales fermentados (col, rábano) ricos en lactobacilos. Es clave que sean artesanales o no pasteurizados, pues el calor de la pasteurización mata los microorganismos.
- Miso y Tempeh: Derivados fermentados de la soya, muy comunes en la cocina asiática y fáciles de incorporar en sopas o salteados.
- Kombucha: té fermentado refrescante, rico en ácidos orgánicos y bacterias amigables.
Por su parte, “el alimento de la microbiota”, como suele llamársele a los alimentos prebióticos abundan en:
- Vegetales ricos en inulina: Ajo, cebolla, puerro, espárragos y alcachofas.
- Frutas: Plátanos (especialmente verde o poco maduro) y manzanas.
- Cereales y semillas: Avena integral, cebada y semillas de chía o lino.
- Legumbres: Lentejas, garbanzos y frijoles.
Es una excelente práctica conocer dónde acceder a estas fuentes alimenticias y consumirlas con regularidad: no es exagerado decir que el intestino ayuda a que el director de la orquesta (el cerebro) trabaje mejor.
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