Los verdaderos factores químicos que atraen a los mosquitos: el mito de la sangre dulce

Los compuestos de la piel y el dióxido de carbono determinan qué personas reciben más picaduras

Lunes, 03 de agosto de 2026 a las 11:00 pm
Los verdaderos factores químicos que atraen a los mosquitos: el mito de la sangre dulce
Foto: Magnific

Durante la temporada de calor, la presencia de insectos se convierte en una molestia constante para miles de familias alrededor del mundo. Las actividades al aire libre aumentan y, al mismo tiempo, se incrementan los encuentros inevitables con molestos visitantes voladores.

A lo largo de las décadas, la sabiduría popular ha intentado explicar por qué algunas personas parecen ser imanes vivientes para estos pequeños animales mientras que otras pasan completamente desapercibidas en el mismo entorno. La creencia común sostiene falsamente que ciertos individuos poseen una sangre más dulce o sabrosa que resulta irresistible para los insectos.

La ciencia moderna ha desmentido categóricamente este mito popular, demostrando que las verdaderas razones detrás de la preferencia de estos animales son mucho más complejas y están vinculadas a procesos biológicos naturales que ocurren a nivel cutáneo y respiratorio diariamente en el cuerpo humano.

Foto: Magnific

¿Sangre dulce para los mosquitos?

El biólogo Rubén Bueno aclara que la idea de la "sangre dulce" es un concepto equivocado sin ningún fundamento biológico. Los mosquitos no eligen a sus víctimas por el sabor de la sangre, sino guiados por una combinación de señales químicas y físicas que el cuerpo humano emite continuamente.

En primer lugar, la respiración humana exhala dióxido de carbono, un gas invisible que funciona como una señal de rastreo a larga distancia para las hembras de mosquito, las cuales son las únicas que pican porque necesitan proteínas para desarrollar sus huevos.

A corta distancia, los órganos sensoriales del insecto analizan los compuestos químicos presentes en la piel y el sudor. Elementos como el ácido láctico, el amonio y los ácidos carboxílicos, generados por las bacterias naturales que habitan en la superficie cutánea, crean una firma de olor única para cada individuo. El tipo y la cantidad de bacterias varían significativamente según cada persona, lo que explica por qué algunos individuos resultan mucho más atractivos que otros para estos insectos.

La temperatura corporal y el calor residual juegan un papel clave durante la fase final de aproximación. Factores como el ejercicio físico, el consumo de alcohol o el embarazo aceleran el metabolismo y aumentan la sudoración, haciendo que una persona sea temporalmente más detectable.

Entender estos mecanismos permite desmitificar viejas creencias y utilizar repelentes adecuados en lugar de culpar a la composición azucarada de las venas. Así, la ciencia confirma que la clave no radica en la dulzura de la sangre, sino en la química corporal de cada individuo.

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