Ingrid Bravo Balabú
CNP 18.426
El cuatro no solo es el complemento perfecto para cualquier tema de música venezolana, sino que une a la ciudadanía como signo inequívoco de familia, integración y felicidad.
Este instrumento de cuerda es, sobre todo para los migrantes, la conexión con el país, sus raíces y el espíritu de quienes llevan con orgullo el tricolor criollo.
Conscientes de lo anteriormente descrito, los audiovisualistas Francisco Páez-Pumar (director), Mauro Páez-Pumar y Héctor Molina de C4 Trío (productores) concibieron el documental “Cuatro caminos”, que reúne el testimonio de músicos de la talla de María Teresa Chacín, Jorge Glem, Jorge Luis Chacín, Rafael “El pollo” Brito, Julio Briceño y Horacio Blanco, entre otros, quienes cuentan sus vivencias alrededor del instrumento.
Luego de 14 años de ausencia, Mauro Paéz-Pumar, reside en Estados Unidos, retornó a Caracas no solo a reencontrarse con su ciudad natal, sino con esos sonidos característicos de su niñez cuando residía en Los Chaguaramos y corría bicicleta junto con sus hermanos mayores y vecinos, en una capital que destacaba por ser la de los “Techos rojos”.
Cuatro caminos de venezolanidad…
-Usted es el productor del documental “Cuatro Caminos”. Quería preguntarle: ¿cómo surgió la idea de rescatar la esencia del cuatro venezolano?
-Bueno, toda la historia nace, increíblemente, a raíz de unas clases de cuatro. El director del proyecto, Francisco Paéz-Pumar, estaba tomando clases con Héctor Molina, de C4 Trío. Tocaban durante 45 minutos en la clase y después se pasaban hora y media hablando del cuatro, de Venezuela, de la experiencia de vivir afuera. Todo esto llevó a que en algún momento dijeran: “Mira, aquí hay un material y hay algo importante que documentar: cómo el cuatro impacta la vida de la gente en Venezuela y cómo el cuatro es un símbolo de unión para todos”.
Un pilar es el impacto que ha tenido el cuatro en la parte educativa y cultural. Mucho de eso ha ocurrido aquí en Venezuela con el apoyo de “El Sistema”, que ha ayudado en Venezuela a educar a muchos niños, y el cuatro ha tenido un impacto fundamental: han logrado convertir su enseñanza en un pensum.
Luego hay un segundo pilar que ha crecido, en parte, con la diáspora venezolana: la internacionalización. Es cómo el cuatro se ha introducido no solo dentro de la música venezolana, donde ya estaba, sino en la música del mundo; cómo se ha fusionado con sonidos de otras partes y ha llegado a su punto máximo tras haber pasado por el jazz, la música latinoamericana y la salsa, para entrar al ámbito orquestal.
-Justamente la parte de la nostalgia, esa cercanía, aunque estés lejos, viene cuando alguien saca un cuatro. Usted, que ha tenido la oportunidad de conversar con venezolanos, ¿qué le dicen?
-Cuando uno está afuera, y ahí puedo hablar por experiencia, pues acabo de volver a Venezuela después de casi 14 años, sale el cuatro y me conecta. Me lleva más allá de la música o de que la gente toque canciones venezolanas o no: ese sonido me identifica con Venezuela. Es decir: “Eso soy yo, esas son mis raíces, de ahí vengo”. Es difícil explicar lo que sientes a alguien que no lo vive, pero es eso: de ahí vengo yo.
- ¿Hubo alguna situación en la producción que los hiciese pensar: “¿Bueno, vamos bien” o “tenemos que cambiar esto”? Porque siempre en el proceso de producción surgen inconvenientes.
-Bueno, todavía estamos en proceso de producción. Una de las razones por las que estoy aquí ahora es porque estamos teniendo reuniones con patrocinadores, buscando apoyo, porque la idea es venir en el mes de enero a producir en Venezuela. Aunque hemos hecho entrevistas con personajes venezolanos que están afuera y con algunos que viven aquí, tenemos que plasmar la tierra venezolana en el documental. Queremos hacer una gira que vaya de oriente a occidente, acompañados de El Sistema, visitar los núcleos, hacer entrevistas, ver cómo son las festividades y documentar aquellas donde el cuatro participa como un instrumento súper importante.
A lo largo de lo que hemos realizado ha habido dificultades técnicas. Por ejemplo, con la pieza “Odisea”, organizar el viaje para grabar a Dudamel, quien es una persona sumamente ocupada. Cuando nos dieron el espacio, nos montamos en un avión para ir a Nueva York; nos abrieron las puertas del Lincoln Center y de la Filarmónica de Nueva York para entrevistarlo allí, y la entrevista fue espectacular.
Más allá de esas dificultades técnicas, lo que nos encontramos es que todas y cada una de las personas a las que entrevistamos se conmueven. En algún momento se les aguan los ojos cuando empiezan a recordar de dónde vienen, los que están afuera, o cuando la gente que vive aquí se pone a reflexionar un poco. En una de las entrevistas, Leonardo Padrón dice que cuando uno descubre que el gentilicio del venezolano tiene el sonido del cuatro, entiende lo que es la identidad.
-Mauro, por último, envíe un mensaje para esos niños que están en los diferentes núcleos de "El Sistema", que se están formando para ser cuatristas.
-A todos esos niños les digo que escogieron el instrumento adecuado. Con el cuatro se puede hacer de todo: se puede expresar cualquier tipo de sonido o música, percusión, efectos eléctricos, pueden hacer lo que quieran. Ya hay maravillas: uno lo ve en niños que te consigues en TikTok o en YouTube, que hacen sonar ese instrumento de una forma que nunca te hubieras imaginado. Creo que lo que están haciendo ahora va a definir el futuro.
Cuando ves a los virtuosos de ahora, a Jorge Glem, a Héctor Molina, a Edward Ramírez en C4 Trío, ves que son una maravilla, pero lo mejor está por venir. Esos niños que están experimentando y escuchando todos esos sonidos van a inventar nuevos ritmos y movimientos. Los invito a que sigan, que experimenten, que aprendan de sus raíces venezolanas y de dónde salen todos esos ritmos, y que sigamos impulsando al cuatro para que ocupe el lugar que merece entre los instrumentos a nivel mundial como uno de los más flexibles, versátiles y capaces de acoplarse a cualquier tipo de música en el mundo.
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