Es de noche en el mundo de Lila, y nadie en el estudio sabe todavía cómo pintarla. Las escenas nocturnas de El libro de Lila, el primer largometraje animado hecho en Cali con talento propio, se resistían a los métodos que el equipo de arte ya dominaba. La solución no apareció en la cabeza de una sola persona. Surgió, como recuerda la ilustradora colombiana Mildred Bernal Ospina, “a punta de prueba y error”, entre colegas que probaban, descartaban y volvían a intentar hasta dar con el tono exacto de la oscuridad.
Esa escena resume una convicción que atraviesa su carrera: las grandes obras no tienen un solo autor. “Es importante ser creativo, pero es mucho más importante saber trabajar en colectivo; es lo único que hace posible que los grandes proyectos vean la luz”, afirma.
Antes de llegar al cine, Mildred fue una niña que pintaba. “Siempre me gustó pintar; desde muy pequeña lo disfrutaba y, además, siento que tengo habilidad para escribir”, cuenta. El teatro, la danza y la escritura completaron un entorno artístico que la llevó a estudiar Diseño de la Comunicación Gráfica en la Universidad Autónoma de Occidente, de donde se graduó en 2008. Paradójicamente, la ilustración quedó en segundo plano durante esos años. “Creo que en ese momento la tendencia del diseño tiraba para otros lados, entonces, siendo joven como era, sentí que debía intentar irme por donde iba la corriente”.
Esa oscilación entre el diseño y el dibujo empezó a resolverse en su primer empleo, en el centro de educación virtual de su propia universidad. Entre 2008 y 2011, como diseñadora visual, construyó interfaces e infografías para cursos en línea, pero también ilustró introducciones animadas que formaban parte de la estrategia pedagógica. Allí trabajaba con docentes, programadores y comunicadores, y aprendió pronto que una imagen solo funciona cuando responde a un propósito compartido.
En 2012 se fue a vivir a Buenos Aires. Un taller de ilustración para cuentos infantiles con Henry González, sumado a sus cursos de escritura, la llevó a replantear su camino. “Me cambió la perspectiva de lo que quería y me hizo sentir que debía volver a mis orígenes”, dice. A su regreso a Colombia, entre 2013 y 2014, trabajó como diseñadora gráfica en MGC Millenials Group Consulting, en un equipo interdisciplinario donde traducía a lenguaje visual las estrategias que otros planteaban. En paralelo retomó su formación en ilustración y se postuló para El libro de Lila. “Para mi sorpresa, quedé seleccionada, y desde ahí supe que mi camino estaba en la ilustración”.
Entre julio de 2014 y agosto de 2015 fue colorista de la película producida por Fosfenos Media. Su trabajo consistía en recibir los fondos y darles color, textura e iluminación, siempre en diálogo con el director de arte y con la investigación hecha en preproducción junto a la productora uruguaya Palermo Studios. “Trabajamos al ritmo de una producción cinematográfica, siguiendo estrictamente un timesheet en el que se hacía seguimiento de nuestro proceso con cada fondo”, explica. Cada material terminado debía integrarse con las animaciones y pasar después al equipo de montaje. Para el mundo más fantástico del relato, el grupo inventó incluso una vegetación propia. “Fue un proceso muy enriquecedor”.
Cuando la película se estrenó en 2017, comenzó una cosecha de reconocimientos en La Habana, Cali, Seattle, Caracas, Valencia y otras ciudades, y llegaron nominaciones a los Premios Platino y a los Quirino de Animación Iberoamericana. Mildred habla de esos premios desde la lógica del colectivo: “Yo directamente no, pues siempre he trabajado siendo parte de proyectos colectivos. De todas maneras, todos los premios que han recibido las producciones de las cuales he sido parte, también son míos”. Para ella, aquella experiencia fue decisiva, “porque me abrió un mundo entero de posibilidades creativas y de personas que están en lo mismo que yo”.
A partir de 2016, ya como profesional independiente, se ha movido con naturalidad entre ambas disciplinas. Diseñó piezas impresas para la consultora brasileña AQUILA y, en 2018, desarrolló storyboards y conceptos gráficos para QUAN Studios. Con ese mismo estudio volvió a trabajar en 2020, diseñando cuadros de animación para una campaña de la Secretaría de la Mujer de la Alcaldía de Bogotá. En 2019 creó los personajes y el arte conceptual del piloto de Alfeñique, un libro infantil de realidad aumentada respaldado por el Ministerio de Cultura, proyecto de autoría de Julieth Paramo, fundadora de Macetas Cali, y representante de la Asociación Patrimonio y Saberes de Mujeres Artesanas ASOPRYSMA. Su colaboración con la marca Ítala la llevó al diseño textil, junto a diseñadores de moda y equipos de producción. Incluso su etapa como fotógrafa a bordo de un crucero de Carnival, entre 2018 y 2019, le exigió coordinarse con otros para responder bajo presión.
En su trabajo, el diseño gráfico aporta el método y la ilustración aporta la voz, y ninguno de los dos opera sin los demás miembros del equipo. Mildred lo tiene claro: detrás de cada gran nombre hay siempre un equipo enorme que hace posible el resultado. Su carrera, hasta ahora, lo confirma y la posiciona como una de las profesionales más relevantes del diseño latinoamericano.
