El doblete de temblores que sacudió parte del territorio venezolano el pasado 24 de junio activó de inmediato a los cuerpos de seguridad, bomberos y equipos de rescate.
Ante eventos de esta magnitud, la atención pública suele centrarse en la destreza física y técnica de estos profesionales para afrontar las infraestructuras colapsadas o el peligro inminente.
Sin embargo, existe un motor invisible que sostiene cada una de sus maniobras en el terreno, el cual es su salud mental.
El psicólogo Luiggi Raggio desglosó a 2001 cómo la mente de un rescatista debe estar "tan entrenada como sus manos" para procesar escenarios de crisis que muchas veces sobrepasan cualquier experiencia previa.
"El trabajo del rescatista es un trabajo, pues, muy demandante en todo sentido, físicamente, emocionalmente, cognitivamente", compartió.
¿Cómo debe ser el perfil mental de un rescatista?
Para procesar toda esta información bajo el estrés extremo de una catástrofe, la preparación psicológica se vuelve fundamental. Raggio explica que este entrenamiento mental debe enfocarse en la claridad y rapidez para la toma de decisiones, el mantenimiento de los procesos técnicos y una estricta estabilidad emocional.
El objetivo principal es lograr que el rescatista actúe exactamente conforme a su preparación, evitando que los factores distractores, el desbordamiento emocional del entorno o las condiciones extremas del escenario provoquen una desconcentración o una actuación imprudente.
El impacto de la psicología en el rescate se divide en tres fases críticas. La primera es el antes, enfocada en la preparación, el control de la respiración y la concentración para resolver problemas de forma organizada. La segunda fase es el durante, que representa el reflejo directo de dicho entrenamiento en pleno campo de acción.
El especialista señala que, debido a distintas circunstancias institucionales, muchos rescatistas en Venezuela no han contado formalmente con equipos de psicólogos que acompañen sus prácticas.
Sin embargo, gracias a los años de servicio y a la diversidad de emergencias atendidas, la mayoría ha desarrollado una capacidad intuitiva y empírica para concentrarse y actuar de manera profesional.
El verdadero peligro de no contar con una estabilidad previa es que una vulnerabilidad oculta pueda desencadenar una desestabilización en caliente, poniendo en riesgo tanto al funcionario como a las personas que reciben la ayuda.
La tercera etapa, conocida como el post-evento, es habitualmente la más crítica y ocurre cuando el desastre fue contraldo. Al regresar a sus realidades tras largas jornadas de trabajo, los rescatistas cargan con el impacto de lo vivido y no siempre cuentan con herramientas efectivas para lidiar con el trauma.
También advierte sobre el peligro de los mecanismos de afrontamiento perjudiciales, tales como el aislamiento, la represión de las emociones, la evitación del recuerdo o el consumo de alcohol y sustancias para mitigar el estrés.
Raggio indica que la ayuda se debe extender a todos los paramédicos, médicos, enfermeros y voluntarios que contribuyen durante la contingencia del sismo.
"Acá el factor es que sepan pedir ayuda. No piensen que eso les hace débiles", agregó.
El equipo de trabajo es el factor protector más fuerte que tiene un rescatista a la mano, como la unión, el apoyo mutuo y la certeza de no estar solo en la crisis funcionan como una contención inmediata.
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