La reconstrucción historiográfica sobre las raíces del culto a los difuntos identifica la convergencia de ritos agrícolas, creencias de la antigüedad clásica y modificaciones del calendario eclesiástico en la conformación de la víspera de Todos los Santos. Halloween viene de la frase en inglés "All Hallow Eve", que significa la "Víspera de Todos los Santos".
Originalmente en Europa se tallaban nabos para iluminar el camino. Al emigrar a Norteamérica en el siglo XIX, los irlandeses descubrieron que las calabazas eran más grandes, abundantes y fáciles de tallar.
La festividad actual, extendida en el ámbito internacional, mantiene estructuras simbólicas derivadas del Samhain druídico (para celebrar el fin de la cosecha y el inicio del invierno) y de los periodos de apertura de los santuarios funerarios en la Roma imperial quienes creían que esa noche los espíritus de los muertos salían a caminar entre los vivos y les dejaban comida en las puertas (de ahí nació el "truco o trato") .
Prácticas celtas y aperturas de los ritos romanos
El antecedente celta del Samhain señalaba la transición entre el equinoccio de otoño y la temporada invernal entre el 31 de octubre y el 1 de noviembre, periodo en el que se suspendían los trabajos agrícolas y se depositaban alimentos en los accesos a las viviendas para apaciguar las apariciones de ultratumba.
En la antigua Roma, la ceremonia del mundus patet abría la estructura central de la ciudad durante tres jornadas anuales para permitir la conexión entre los vivos y los fallecidos, configurando figuras mitológicas asociadas a seres de ultratumba, es decir, creían que el portal entre el mundo de los vivos y los muertos se abría.
Transición eclesiástica e instauración secular en América
Para reemplazar estas costumbres paganas, la Iglesia Católica movió el "Día de Todos los Santos" al 1 de noviembre. La reorganización del calendario cristiano por el papa Gregorio III trasladó la conmemoración de los mártires y santos al 1 de noviembre, absorbiendo las prácticas previas de las regiones europeas para evangelizarlas.
Tras la Reforma protestante en Gran Bretaña, la celebración mantuvo un carácter secular en las zonas rurales, siendo trasladada posteriormente al continente americano por los flujos migratorios irlandeses del siglo XIX, donde se integró a la dinámica cultural urbana de EEUU del siglo XX.
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