Los cuatro astronautas de la misión Artemis II acababan de abandonar la Tierra para cumplir una hazaña histórica: regresar a la órbita de la Luna después de más de 50 años.
Sin embargo, en medio de la emoción del despegue, una persistente luz roja en el tablero comenzó a parpadear y encendió las alertas dentro de la cápsula.
No se trataba de una falla en los motores ni de una fuga de oxígeno. El imprevisto era mucho más terrenal y ponía en riesgo la comodidad de la tripulación para los 10 días de viaje que tienen por delante. El único inodoro a bordo de la millonaria nave acababa de fallar.
Problemas en Artemis II
De acuerdo con un informe de la agencia EFE, La NASA detalló que el problema se detectó pocas horas después del lanzamiento. El inconveniente se originó específicamente por un atasco en el ventilador del sistema, lo que impedía la succión necesaria para la recolección de orina en un entorno sin gravedad.
Mientras se resolvía la falla, la tripulación pudo utilizar el equipo para sólidos, pero tuvo que recurrir a bolsas de respaldo especiales para la orina.
La especialista de la misión, Christina Koch, fue la encargada de realizar las maniobras de reparación siguiendo las detalladas instrucciones enviadas por el centro de control en Houston. Tras varias horas de tensión, lograron restablecer el funcionamiento normal.
Tecnología de punta en el espacio
Este inodoro se conoce formalmente como Sistema Universal de Gestión de Residuos. Es un dispositivo compacto que utiliza potentes flujos de aire en lugar de la gravedad para dirigir los desechos hacia las unidades de almacenamiento.
El equipo costó 23 millones de dólares y es un 40% más ligero y un 65% más pequeño que los utilizados en la Estación Espacial Internacional. Además, cuenta con un diseño mejorado pensado para facilitar su uso tanto a hombres como a mujeres.
El contraste con el pasado
Este sofisticado dispositivo se incorpora por primera vez en una misión hacia el espacio profundo. Su buen funcionamiento es vital para el éxito de la misión, marcando una enorme diferencia con lo que vivieron los pioneros del espacio.
En las misiones Apolo de las décadas de 1960 y 1970, los astronautas carecían por completo de un baño a bordo. En aquellos primeros viajes lunares, se veían obligados a usar bolsas plásticas pegadas al cuerpo para recoger los desechos, un método que en los informes de la época describieron como incómodo y sumamente desagradable.
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