Este sábado 24 de octubre se cumplen exactamente cuatro meses desde que dos movimientos telúricos de magnitud 7,2 y 7,5 estremecieron las costas del litoral central venezolano. Aquella tarde del 24 de junio marcó un hito en la historia sísmica de la entidad guaireña, transformando de forma drástica el panorama urbano, las estructuras de servicio y la dinámica socioeconómica local. Transcurrido este primer cuatrimestre de emergencia y reconstrucción, la región avanza paulatinamente hacia la normalización, apoyándose en la tenacidad de sus habitantes y en el progresivo restablecimiento del aparato productivo.
En la parroquia Maiquetía, considerada históricamente como el núcleo neurálgico del intercambio de bienes y servicios dentro de la geografía guaireña, el panorama muestra una destacada vitalidad. Los establecimientos ubicados en el casco central, la calle Los Baños y las adyacencias del puerto han logrado reabrir sus puertas de manera casi total. Ferreterías, abastos, comercios textiles y empresas prestadoras de servicios logísticos operan actualmente en un horario continuo, atendiendo el flujo de consumidores que acuden diariamente a surtirse de insumos básicos y materiales para la remodelación habitacional.
La conectividad aérea y el transporte terrestre han garantizado un tránsito permanente de pasajeros, trabajadores e ingenieros involucrados en las obras públicas, lo cual dinamiza los ingresos de la gastronomía urbana, los hospedajes ejecutivos y el transporte menor. Los gremios comerciales señalan que, aunque la demanda exige un esfuerzo constante de inventario, la consolidación de inventarios locales ha asegurado el abastecimiento ininterrumpido a lo largo de este último mes.
Hacia el este de la entidad, la parroquia Naiguatá exhibe un proceso de recuperación con matices propios, fuertemente vinculado al sector pesquero, la tradición gastronómica y los servicios recreativos costeros. A diferencia del ritmo apresurado del casco urbano central, el comercio en esta zona depende en gran medida del turismo de fin de semana y del trabajo de sus faenadores del mar. Tras el impacto inicial de los sismos, los pescadores locales han retornado de forma paulatina a sus labores en aguas profundas, abasteciendo a los expendios de pescado fresco y a los tradicionales quioscos playeros.
Locales con décadas de trayectoria en la elaboración de empanadas, comida marina y la atención al visitante han mantenido sus puertas abiertas, funcionando como un faro de resiliencia comunitaria. A pesar de que la fluidez de temporadistas no alcanza todavía los niveles previos a la contingencia de junio, la constancia de los prestadores de servicios ha permitido conservar puestos de trabajo esenciales para las familias del sector. Los comerciantes locales insisten en la trascendencia de promover el turismo responsable hacia las balnearios de Camurí Grande, Los Anzuelos y la bahía de Naiguatá para reimpulsar el consumo distributivo en la zona.
En definitiva, a 120 días del suceso telúrico, las instituciones públicas, las cámaras empresariales y las organizaciones populares mantienen canales abiertos de coordinación para monitorear el avance de las obras de infraestructura urbana y el otorgamiento de financiamientos que fortalezcan el tejido mercantil. La combinación entre el vigor comercial de Maiquetía y la vocación turística de Naiguatá refleja la capacidad adaptativa de un litoral que, lejos de paralizarse frente a la tragedia natural, continúa reconstruyendo su futuro a través del trabajo diario y el compromiso colectivo.
También puede visitar nuestra sección: Nacionales
Mantente informado en nuestros canales de WhatsApp, Telegram y YouTube