El polvo aún se niega a asentarse por completo en el litoral central venezolano. En la urbanización Gran Misión Vivienda Venezuela (GMVV) Luisa Cáceres de Arismendi, situada en la parroquia Catia La Mar del estado La Guaira, las imágenes de la devastación conviven minuto a minuto con desgarradores actos de fe, entrega y resistencia humana. A raíz del doblete sísmico que sacudió la costa del país el 24 de junio, este complejo residencial se ha convertido en uno de los epicentros con mayor despliegue operacional de búsqueda, rescate y salvamento del país.
En ese sentido, los dos movimientos telúricos el primero de magnitud 7,2 y el posterior de 7,5, cuyo epicentro reubicado frente a las costas varguenses generó un efecto devastador en las estructuras sedimentarias de la franja marina, provocaron el colapso parcial e íntegro de varios bloques del urbanismo. Donde antes habitaban cientos de familias guaireñas, hoy se erigen elevadas montañas de concreto, hierro retorcido y pertenencias personales suspendidas en el tiempo.
Cabe destacar, que las labores de búsqueda no han parado un solo segundo. Con la aplicación de protocolos internacionales de rescate en estructuras colapsadas, los equipos técnicos realizan el trabajo.
En definitiva, a semanas de la catástrofe que cambió para siempre el rostro de Catia La Mar y del estado La Guaira, el suelo en Playa Grande aún refleja las grietas de la tragedia, pero sobre él se mantiene en pie una inconmensurable red de solidaridad.
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