Para varias generaciones de colombianos, la llegada del 31 de diciembre tenía un sonido particular. Antes de los nuevos formatos de entretenimiento y de las transmisiones digitales, la televisión pública cerraba el año con una interpretación del Himno Nacional que tenía una voz reconocible: la de Víctor Hugo Ayala.
El cantante y compositor murió este martes 6 de octubre a los 92 años, según confirmaron medios colombianos y fuentes cercanas a su familia. Las circunstancias de su fallecimiento no han sido informadas públicamente. Con su partida desaparece una figura cuya carrera estuvo estrechamente ligada a la música romántica y al bolero colombiano.
Una voz que terminó formando parte de una tradición nacional
El Himno Nacional ocupó un lugar singular dentro del repertorio de Ayala. No se trataba únicamente de una canción más dentro de su trayectoria: durante años fue escogido para interpretar la versión transmitida por los canales públicos de televisión en el cierre de cada año.
Uno de los aspectos que distinguió aquella interpretación fue que Ayala conocía las once estrofas completas de la composición. Esa particularidad hizo que su voz trascendiera el ámbito estrictamente musical y quedara relacionada con una costumbre televisiva que acompañó durante décadas las celebraciones de los colombianos.
El bolero fue el territorio donde construyó su nombre
Antes de convertirse en una voz habitual de las celebraciones nacionales, Ayala se abrió camino en la radio bogotana. Su llegada a la música no siguió un recorrido convencional: había trabajado como dibujante en la Armada Nacional y estudiado algunos semestres de Arquitectura antes de que el canto comenzara a ocupar un lugar central en su vida.
Los concursos para aficionados de Radio Santa Fe representaron uno de los primeros espacios donde pudo mostrar sus condiciones como intérprete. Después llegaron participaciones en La Voz de Colombia y Nueva Granada, emisoras fundamentales para la difusión de artistas colombianos durante aquella época.
Su relación artística con Jaime Llano González también fue importante en esos primeros años. Ambos coincidieron en espacios radiales y desarrollaron una asociación musical que se extendió posteriormente a otros escenarios y producciones.
“Camino verde” abrió una etapa decisiva
El reconocimiento nacional llegó especialmente a través del bolero. “Camino verde” se convirtió en una de las interpretaciones que identificaron a Ayala ante el público y abrió una etapa de mayor exposición discográfica.
A partir de entonces, su repertorio se amplió con canciones como “La quiero porque la quiero”, “Si te vuelvo a besar”, “Ya que te vas”, “Qué fácil fue olvidarte” y “Un compromiso”. Su producción discográfica alcanzó alrededor de 48 trabajos y estuvo vinculada principalmente con Sonolux, sello fundamental para la música popular colombiana de aquella época.
Aunque el bolero fue su principal carta de presentación, su repertorio no quedó limitado a un solo género. Su formación como cantante lírico y su capacidad interpretativa le permitieron transitar por distintas expresiones de la música colombiana y latinoamericana.
Más de siete décadas frente al público
La extensión de su carrera explica la dimensión de su legado. Ayala comenzó a abrirse paso en la música durante la década de 1950 y permaneció vinculado a los escenarios durante buena parte de su vida.
Su nombre terminó asociado a una época en la que la radio, los discos y la televisión eran los principales vehículos para que un cantante alcanzara reconocimiento nacional. En ese contexto, construyó una trayectoria que sobrevivió a los cambios de la industria y mantuvo vigente su vínculo con el público. Radio Nacional de Colombia destacó precisamente la amplitud de su recorrido y su permanencia como intérprete de la música romántica.
Ahora, su muerte deja dos dimensiones de un mismo legado: por un lado, las canciones con las que se convirtió en una de las voces reconocidas del bolero colombiano; por otro, aquella interpretación solemne del Himno Nacional que durante años acompañó el cierre de la televisión pública cada 31 de diciembre.
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