Nuevos datos sociológicos y estudios clínicos han puesto bajo la lupa la vida íntima de los matrimonios en Estados Unidos, desafiando viejos mitos y suposiciones sobre la salud de las relaciones de pareja.
Las investigaciones sugieren que una menor frecuencia en las relaciones sexuales suele ser una etapa normal del envejecimiento y de las uniones a largo plazo, y que existe un "punto óptimo" de intimidad física vinculado directamente con la satisfacción conyugal.
Radiografía de la frecuencia sexual en los matrimonios
Los resultados de la Encuesta Social General, realizada por el centro de investigación NORC de la Universidad de Chicago entre 1,893 personas casadas, revelan una amplia diversidad en la vida íntima de los hogares estadounidenses.
Al consultarles sobre la frecuencia de sus relaciones sexuales durante los últimos 12 meses, las respuestas se distribuyeron de la siguiente manera:
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Sin actividad sexual: 32.5% no tuvo relaciones en todo el año.
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Ocasional: 11.3% indicó una o dos veces al año.
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Mensual: 11.7% respondió aproximadamente una vez al mes.
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Regular: 15.3% de dos a tres veces al mes.
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Semanal: 12.9% aproximadamente una vez por semana.
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Frecuente: 12.2% de dos a tres veces por semana.
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Alta frecuencia: 4.1% reportó más de tres veces por semana.
Por su parte, análisis de la plataforma de salud Hims señalan que el adulto promedio en Estados Unidos tiene relaciones sexuales unas 53 veces al año (poco más de una vez por semana).
Aunque históricamente se ha vinculado al matrimonio con una ligera baja en la actividad física respecto a la soltería (55 veces al año en casados frente a 59 en solteros), especialistas médicos sugieren que este fenómeno podría estar relacionado con el aumento en la edad promedio a la que las personas deciden contraer matrimonio.
El "punto óptimo": la frecuencia semanal y la satisfacción conyugal
Los datos clínicos indican que intentar cumplir con cuotas elevadas de sexo diario o de gran volumen no se traduce necesariamente en una mayor calidad dentro de la relación.
Un estudio publicado en la revista Social Psychological and Personality Science, que evaluó a más de 30,000 personas durante cuatro décadas, halló un límite en los beneficios percibidos.
Si bien la felicidad general de la pareja aumentó progresivamente al pasar de una frecuencia mensual a una frecuencia semanal, las parejas que mantenían relaciones dos, tres o cuatro veces por semana no mostraron un incremento estadístico adicional en su satisfacción marital. En palabras de los expertos, no existe una cifra idéntica ni una norma perfecta para todas las parejas.
La intimidad como pilar del envejecimiento saludable
El deseo sexual fluctúa de forma natural debido a las exigencias laborales, la crianza de los hijos y el envejecimiento biológico. Sin embargo, la conexión física continúa siendo un componente clave para el bienestar emocional y físico a lo largo de los años.
Datos de la AARP destacan que la actividad sexual se mantiene vigente en la madurez: aproximadamente el 17% de los adultos de 70 años o más reportan mantener relaciones sexuales semanalmente, reafirmando que la intimidad cumple un rol protector en la salud integral.
Principales causas detrás de la disminución de la libido
Cuando una pareja experimenta un periodo de baja actividad sexual, la Sociedad Internacional de Medicina Sexual aconseja evaluar posibles factores fisiológicos y médicos antes de presuponer una incompatibilidad afectiva:
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Cambios hormonales: La reducción de testosterona por edad en hombres y las fluctuaciones de estrógeno durante la perimenopausia o menopausia en mujeres influyen directamente en la libido.
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Salud vascular y metabólica: La fatiga crónica, afecciones cardiovasculares y desórdenes tiroideos pueden mermar el deseo.
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Efectos secundarios de medicamentos: Fármacos de uso común, como antidepresivos ISRS y tratamientos para la presión arterial, suelen alterar la función sexual.
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Estrés y cortisol: Niveles elevados de estrés sostenido interfieren con la producción normal de hormonas reproductivas.
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Dinámica de pareja: Conflictos no resueltos, fallas en la comunicación o falta de intimidad emocional impactan la disposición física.
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Estilo de vida: Sedentarismo, mala alimentación y consumo de sustancias inciden negativamente en la energía e intimidad.
Ante estas situaciones, los profesionales de la salud recomiendan priorizar la comunicación abierta y consultar con un médico para revisar niveles hormonales, fármacos recetados y el estado metabólico general.
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