Tras una solicitud formal del gobierno de los Estados Unidos, una delegación presidida por el director de la CIA, John Ratcliffe, fue recibida por las autoridades del Ministerio del Interior de Cuba (MININT).
El encuentro ocurre en medio del colapso energético y la presión económica en la Isla.
La parte cubana fue enfática en demostrar, con datos y argumentos técnicos, que la isla no representa un peligro para la integridad de los Estados Unidos. Se centraron en tres pilares:
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Terrorismo: Cuba reafirmó su condena histórica e inequívoca a todas las formas de terrorismo.
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Financiamiento: Aseguraron categóricamente que en territorio cubano no se alberga, apoya ni financia a organizaciones extremistas.
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Bases Extranjeras: Desmintieron la existencia de bases militares o de inteligencia de potencias extranjeras (como Rusia o China) en suelo cubano.
Uno de los objetivos principales de La Habana fue exigir su salida de la lista de Estados patrocinadores del terrorismo, en la que permanece bajo la administración de Trump.
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Argumentaron que no existen "razones legítimas" para tal inclusión.
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Presentaron pruebas de la "consistencia y congruencia" de las autoridades cubanas en la lucha contra actividades ilícitas internacionales.
Cooperación en Seguridad
A pesar de las diferencias ideológicas, ambas delegaciones mostraron interés en reactivar la cooperación bilateral en áreas específicas:
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Cumplimiento de la ley: Colaboración entre órganos de seguridad para combatir delitos transnacionales.
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Seguridad Regional: Intercambio de información para garantizar la estabilidad en el Caribe y la seguridad internacional.
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