Hay imágenes que se miran y hay imágenes que se sienten. Las que firma Romina Autrique pertenecen al segundo grupo. Detrás de cada disparo de su cámara late una convicción que ella resume con una frase contundente: una fotografía no captura un instante, lo "congela". Esa diferencia, sutil en apariencia, lo explica todo sobre el camino que ha recorrido esta joven fotógrafa nacida en una familia de atletas y formada en el ArtCenter College of Design en California, una de las escuelas más exigentes del mundo en fotografía e imagen.
Su historia con la cámara empezó, como tantas vocaciones genuinas, por accidente y por amor. A los trece años recibió una Canon Rebel y, casi de inmediato, encontró en ella la herramienta que llevaba tiempo buscando sin saberlo. "Desde niña tuve una fascinación intensa por las historias; me encantaba escucharlas y, sobre todo, buscar formas de contarlas", recuerda. Aquella primera cámara la convirtió en cronista de su entorno más íntimo: sus amigas, sus mascotas, la naturaleza de los campamentos familiares. Fue su laboratorio personal, el espacio donde descubrió que una imagen podía ser un relato completo.
El salto a la fotografía deportiva, terreno donde hoy se mueve con autoridad, llegó por otra puerta familiar. Romina creció entre triatletas, en una casa donde el deporte no era pasatiempo sino lenguaje cotidiano. La chispa profesional, sin embargo, se prendió cuando su hermana Renata comenzó a competir en Ironmans. Documentar ese proceso para las redes sociales de su hermana le abrió un universo nuevo. "Me cautivó la vulnerabilidad y la fuerza extrema que coexisten en un atleta", confiesa. Entendió entonces que su misión era retratar esas emociones crudas que un cuerpo exhibe cuando ya no le queda nada por dar, y traducirlas en imágenes que comunicaran, con altura cinematográfica, el sacrificio detrás de cada meta cruzada.
Esa búsqueda la ha llevado a cubrir dos ediciones del Ironman World Championship como fotógrafa de atletas de grupos de edad. Su mirada, además, ha salido del circuito deportivo para acomodarse con la misma soltura en otros escenarios: ha firmado portadas para la revista Selin de Ámsterdam, ha trabajado con los diseñadores Mena Macgregor en Ciudad de México, Natalia Treviño en Los Ángeles y Jackie Wolf-Schmitt en Chicago, y ha colaborado en publicaciones de Rolling Stone y People sobre Tyla Parx. A esa lista se suman campañas para marcas además de su rol como directora de fotografía del video musical "I Think This Is Love" del artista angelino Tanner Agpoon.
Pese a la diversidad de su portafolio, Romina identifica con claridad lo que la mueve. No es la portada ni el cliente prestigioso: es lo que ella llama "el privilegio del acceso". Entrar en la vida de personas talentosas, conocer su historia de fondo, construir una relación que permita transmitir una esencia real. "Mi trabajo no termina al presionar un botón", advierte. Lo que viene antes y después del obturador es, para ella, donde se juega la diferencia entre una buena fotografía y una imagen que se queda con quien la mira.
El color es su firma. Mientras una parte de la fotografía deportiva contemporánea se ha rendido al dramatismo del blanco y negro o a las paletas saturadas de épica televisiva, Romina apuesta por lo opuesto. Los tonos brillantes, las luces vibrantes, los contrastes intencionales son su forma de subrayar la personalidad del atleta, su estado mental, la emoción que lo atraviesa en el momento exacto del disparo. El resultado es un lenguaje visual reconocible, alegre incluso cuando documenta el agotamiento extremo.
Su formación técnica acompaña esa sensibilidad. En el ArtCenter College of Design ha trabajado como Student Tech y asistente de laboratorio, organizando equipo de fotografía y cine y dando mantenimiento a los recursos que utilizan estudiantes y profesores; ese contacto cotidiano con la herramienta le ha dado un dominio poco común para alguien de su edad, tanto en iluminación de locación y estudio, como en flujos de trabajo con Adobe Photoshop, Lightroom, Premiere Pro, Capture One y DaVinci Resolve. Bilingüe en español e inglés, se mueve con la misma soltura entre Los Ángeles, Ciudad de México y los circuitos internacionales del triatlón.
Hay un detalle que resume mejor que cualquier currículum lo que Romina Autrique busca con su trabajo: ella sigue compitiendo. Sigue entrenando con su familia, sigue cruzando metas, sigue conociendo desde adentro el lugar de donde salen las imágenes que toma. Quizás por eso sus fotografías no se sienten observadas desde la barrera, sino vividas desde el carril contiguo y quizás por eso, cuando habla de su oficio, no se refiere a clientes ni a equipos, sino a un ciclo más antiguo y más humano: el de la inspiración mutua entre quien hace y quien mira.
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