Mishell Ramírez: una vocación forjada entre el campo y los caballos

Graduada como médica veterinaria por la Universidad San Francisco de Quito (USFQ) en junio de 2023, Mishell ha construido su trayectoria con una constancia poco habitual

Viernes, 13 de diciembre de 2024 a las 11:00 am
Mishell Ramírez: una vocación forjada entre el campo y los caballos

Hay carreras que se eligen por inercia y otras que se gestan mucho antes de pisar un aula universitaria. La de la doctora Mishell Ramírez pertenece a esa segunda categoría: nació en el campo ecuatoriano, creció entre animales y, con los años, se fue afinando hasta encontrar en la medicina equina el lugar donde su oficio cobra sentido pleno.

Graduada como médica veterinaria por la Universidad San Francisco de Quito (USFQ) en junio de 2023, Mishell ha construido su trayectoria con una constancia poco habitual. Desde septiembre de 2022 cumplió un internado de un año en el Hospital Docente de Especialidades Veterinarias del área equina de la USFQ, donde se familiarizó con el manejo hospitalario, las admisiones y los registros médicos. Más adelante, entre febrero y marzo de 2023, al finalizar sus estudios, rotó en distintas área como anestesia y cirugía, aprendió a diseñar protocolos anestésicos individualizados para cada paciente, a monitorearlos durante el quirófano y a acompañar el delicado proceso postoperatorio.

Desde diciembre de 2023 integra el equipo del Davie County Large Animal Hospital, en Carolina del Norte, Estados Unidos, donde acaba de completar un año redondo de experiencia internacional asistiendo cirugías equinas, evaluando claudicaciones, monitoreando anestesias y atendiendo emergencias. Una etapa que, según ella misma reconoce, terminó por moldear a la profesional que es hoy.

“Mi inclinación por la medicina veterinaria nace desde la infancia, ya que crecí en una familia vinculada directamente a la agricultura y al entorno rural” cuenta Mishell con la serenidad de quien habla desde una convicción larga. Estar en contacto constante con el campo despertó en mí un profundo respeto por los animales y por el trabajo que existe detrás de su cuidado. Ese respeto se convirtió pronto en decisión. “Cuando decidí estudiar medicina veterinaria conté con el apoyo de mi familia, y desde entonces continúo este camino con compromiso y gratitud, disfrutando cada oportunidad de aprendizaje y cada experiencia que la carrera me ha puesto al frente” añade.

La medicina veterinaria, sin embargo, es un universo en sí misma. Elegir un área de especialización no siempre resulta inmediato y, en su caso, los caballos no aparecieron de un día para otro. “Es verdad. La medicina veterinaria es una carrera muy amplia y, al inicio, puede ser desafiante definir en qué área especializarse” admite. “Desde un inicio sabía que me atraía la medicina de especies mayores, aunque aún no tenía una decisión clara. Sin embargo, al conocer las instalaciones de la universidad, el hospital de equinos fue el área que más llamó mi atención. El manejo de emergencias, las cirugías y los cuidados postoperatorios fueron experiencias que me marcaron y que terminaron de confirmar que este era el camino profesional en el que quería desarrollarme”.

Dentro de la medicina equina, Mishell ha ido refinando intereses específicos. “De las áreas en las que he tenido la oportunidad de desempeñarme, la medicina interna, la oftalmología y la medicina deportiva equina son las que más me atraen, ya que representan un constante desafío clínico y requieren análisis detallado y seguimiento continuo del paciente” explica. Aun así, soy consciente de que tengo mucho por seguir aprendiendo, por lo que mantengo una actitud abierta y comprometida con la formación continua.

Esa humildad —la del profesional que conoce el alcance de lo que sabe y el tamaño de lo que aún le falta— suele ser, paradójicamente, lo que más distingue a los clínicos sobresalientes. Cuando se le pregunta por su elemento diferenciador frente a sus colegas, la respuesta confirma la intuición. “Mi principal elemento diferenciador es la formación que fui construyendo desde la universidad a través de mis prácticas, y que se consolidó durante mi ejercicio profesional y, de manera muy especial, durante el año de internado en hospitales de medicina equina” reflexiona. “Vivir la medicina equina desde el ámbito hospitalario me enseñó a trabajar bajo presión, a reconocer el entorno en el que me encontraba y a afrontar cada situación con responsabilidad, empatía y criterio clínico. Con el tiempo, las responsabilidades fueron aumentando, pero también lo hizo mi compromiso con el aprendizaje diario y con el bienestar del paciente”.

La medicina veterinaria suele recibirse, en el imaginario colectivo, como un oficio entrañable, casi doméstico, asociado al cuidado de las mascotas que acompañan la vida urbana. Pero su alcance real es mucho más extenso y silencioso. De ella dependen la seguridad alimentaria de países enteros, el control de las enfermedades zoonóticas que pueden saltar del animal al ser humano, la sostenibilidad de las explotaciones ganaderas y, en el caso particular de los equinos, el bienestar de animales con un peso económico, deportivo y emocional que muchas veces se subestima. El veterinario equino no solo opera sobre un caballo: opera sobre el sistema productivo, deportivo y afectivo que ese caballo sostiene.

En esa dimensión más amplia, profesionales como Mishell Ramírez encarnan una vocación que excede el cuidado individual. Cada diagnóstico interno, cada examen, cada evaluación deportiva sostiene una cadena más amplia de confianza entre el ser humano y el animal, tejida con conocimiento técnico, paciencia y un respeto al campo que, en su caso, viene desde la infancia. A las puertas de un nuevo año, con un internado en Estados Unidos cerrando su ciclo y un horizonte profesional que se amplía, Mishell Ramírez se asoma a la siguiente etapa con la misma actitud que la trajo hasta aquí: la del profesional que escucha al paciente —aunque ese paciente sea un caballo— y al maestro, sin perder de vista lo esencial: Que detrás de cada animal hay un trabajo, una historia y un compromiso y que la medicina veterinaria, bien entendida, es también una forma de cuidar el mundo.

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