No siempre se llega a la profesión soñada por el camino que se había imaginado al principio. A veces, una decisión tomada por cercanía termina revelando una vocación mucho más profunda. Ese fue el caso de Paola Valencia, una joven colombiana que quiso estudiar medicina, pero encontró en la química un territorio igual de retador, humano y transformador. Lo que empezó como la opción “más parecida” terminó convirtiéndose en una pasión auténtica, construida entre el estudio, la investigación y el deseo constante de entender cómo la ciencia puede tener un impacto real en la vida de las personas.
En los primeros semestres, como les ocurre a muchos estudiantes de ciencias, la química pudo haber parecido un universo exigente, lleno de fórmulas, procedimientos y conceptos que pedían disciplina y paciencia. Sin embargo, todo cambió cuando comenzó su tesis de grado. Fue allí donde la química dejó de ser solamente teoría y se volvió una herramienta concreta para responder preguntas del mundo real. Trabajar en el tratamiento de aguas residuales de diferentes industrias le permitió conectar lo aprendido en el aula con una problemática ambiental urgente. Ese momento marcó un antes y un después: ya no se trataba solo de aprobar materias, sino de descubrir que el conocimiento científico también sirve para cuidar el entorno y proponer soluciones sostenibles.
Ese giro resulta revelador porque muestra una característica central de su perfil: Paola no se conforma con aprender conceptos, necesita llevarlos a la práctica, someterlos a prueba, entender para qué sirven y cómo pueden aplicarse con sentido. Esa forma de ver la química ha guiado buena parte de su camino académico y profesional. Tras terminar su pregrado en Química en la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, decidió continuar de inmediato con una maestría en la misma área, con un enfoque investigativo que le permitió profundizar en la línea que ya había despertado su interés. En esta nueva etapa amplió el alcance de su trabajo sobre tratamiento de aguas residuales, incorporando más análisis químicos y estudios sobre materiales como el dióxido de titanio y el hierro cero valente, dos materiales clave en procesos de remediación y tratamiento ambiental.
Ese avance académico no fue un simple paso formal. En este 2024, Paola ya representa a una generación de científicas que entienden la investigación no como un ejercicio aislado, sino como una posibilidad de aportar soluciones concretas a problemas complejos. Su experiencia en laboratorio, fortalecida por el trabajo con técnicas de análisis instrumental como UV-Vis, FTIR, absorción atómica y carbono orgánico total, habla de una profesional rigurosa, habituada al detalle y consciente de la importancia de producir resultados confiables. A esto se suma su formación en normas como ISO/IEC 17025:2017 y en sistemas de gestión ambiental, lo que refuerza una visión de la ciencia vinculada también con la calidad, la trazabilidad y la responsabilidad profesional.
Uno de los logros más significativos en esta etapa de su carrera es haber llevado su formación más allá del contexto local. Su estancia de investigación en la Universidad de Salerno, en Italia, no solo amplió su horizonte académico, sino que confirmó que su trabajo tiene proyección internacional. Allí participó en procesos de evaluación cinética y caracterización de especies reactivas de oxígeno, experiencias que enriquecen su perfil y demuestran que su formación no se limita al dominio técnico, sino que también está abierta al diálogo científico global. Para una profesional joven, esta clase de experiencia no es menor: significa aprender a moverse en escenarios más exigentes, contrastar métodos, comunicar resultados y entender que la ciencia se construye también en conversación con otros contextos.
Más allá de los títulos y los procedimientos, hay algo especialmente valioso en la manera en que Paola se define. Ella misma reconoce que le interesa aplicar la teoría, encontrar en la práctica la verdadera utilidad del conocimiento. Esa mirada, que puede parecer sencilla, en realidad dice mucho de su identidad profesional. En una época en la que con frecuencia se separa el saber académico de las necesidades cotidianas, su enfoque recuerda que la química no está encerrada en un laboratorio ni en un tablero, sino que puede explicar fenómenos, resolver problemas y abrir caminos de innovación. También revela una sensibilidad particular por el aprendizaje continuo, por la observación rigurosa y por el deseo de seguir entendiendo el mundo desde la ciencia.
Otro rasgo que sobresale en su trayectoria es su capacidad analítica. Paola valora el detalle, el comportamiento de los datos, las variaciones que no deben pasarse por alto y la necesidad de interpretar resultados con criterio, siempre dentro de parámetros normativos. Esa disciplina no solo es importante en investigación, sino que resulta esencial en cualquier profesional que trabaje con procesos químicos, ambientales o de control de calidad. Saber mirar con cuidado, distinguir lo relevante de lo accesorio y sostener una lectura técnica responsable es, sin duda, una fortaleza que ya empieza a perfilar su sello profesional.
Hablar de lo que Paola Valencia ha logrado con su carrera es hablar de una trayectoria todavía joven, pero construida con convicción. Ha pasado de la duda inicial a una vocación clara; de la curiosidad académica a la investigación aplicada; del aprendizaje universitario a escenarios internacionales; y de la formación básica a una maestría que consolida su lugar en el campo científico. Sus avances no se miden solo por los títulos obtenidos, sino por la coherencia con la que ha ido encontrando un propósito dentro de la química: usar el conocimiento para comprender, mejorar y transformar.
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