Diálogo en Venezuela: las claves para un proceso exitoso

Ante la expectativa ciudadana y la mirada internacional, la viabilidad de este proceso exige condiciones concretas

Sabado, 01 de agosto de 2026 a las 07:00 am
Diálogo en Venezuela: las claves para un proceso exitoso
EFE

Un nuevo intento de acercamiento político inicia este 1º de agosto entre la Asamblea Nacional (AN) de 2015, representados por Dinorah Figuera, y la de 2025, bajo la vocería de Jorge Rodríguez.

Ante la mirada ciudadana y la veeduría internacional, la viabilidad de este proceso exige condiciones concretas para evitar que el incumplimiento de los resultados.

¿Qué busca cada parte?

El politólogo y CEO de ORC Consultores, Oswaldo Ramírez Colina, analizó los mecanismos, incentivos y obstáculos que determinarán si esta mesa de conversación deriva en una negociación real hacia la redemocratización del país.

En conversación con 2001 revisó las características de este encuentro y las expectativas que genera dentro de la población.

Un nuevo diálogo está en puertas. ¿Cuáles son los mecanismos a seguir para que pueda considerarse exitoso?

Fíjate, ante la posibilidad de que se abra un nuevo diálogo, surge la duda sobre cuáles son los mecanismos a seguir para que pueda considerarse exitoso.

Para que una conversación o negociación sea exitosa, al final se debe intentar alcanzar un acuerdo común para ambas partes, entendiendo qué busca cada una.

Por un lado, el gobierno de Delcy probablemente busca un proceso en el que se destranquen fondos en el exterior, para los cuales la Asamblea Nacional del 2015 tiene la llave, y garantizar su supervivencia política; es decir, intentar encontrar un espacio donde permanezcan el mayor tiempo posible en el poder o donde ocurra un evento que permita dicha supervivencia.

Por el lado de la oposición, el objetivo de primer orden es un nuevo Consejo Nacional Electoral (CNE). Un nuevo CNE abre todo el abanico en materia electoral, lo que podríamos llamar la “lista del Niño Jesús”, entre las que se encuentran  la liberación y devolución de los partidos políticos a sus legítimos dueños, un nuevo Registro Electoral, la posibilidad de que los venezolanos en el exterior puedan registrarse y votar electrónicamente, para evitar un proceso de aparejo político donde la persona no pueda trasladarse, habilitaciones políticas, cambiar a la empresa proveedora de servicios tecnológicos y una observación internacional.

A esto se le suma el entendimiento de todo lo necesario para una elección libre y justa, lo que además implica libertad de prensa, de opinión y de asociación política.

¿Cuáles aspectos deberían poner sobre la mesa ambos grupos para la conversación?

Quizás lo curioso y necesario en este punto sea entender dónde va a ser ese diálogo y cuál será la hoja de ruta. El tema no es solo que se anuncie una ruta, sino que se logre avanzar a un ritmo relativamente rápido, en menos de cuatro a seis meses, para conseguir que en el primer semestre de 2027 haya una elección libre y justa.

Lo complejo aquí es evaluar si primero se negocia una elección de la Asamblea Nacional para darle legitimidad a las decisiones que emanen de ese cuerpo legislativo, buscando generar de nuevo la separación de poderes y evitar que un poder se imponga sobre otro, como ha sido el caso del Poder Ejecutivo durante muchos años.

En este marco de tutelaje, habría que ver hasta dónde llega el interés de Estados Unidos por un avance rápido o lento. En palabras de Marco Rubio, ellos han indicado que necesitan que Venezuela entre en su tercera fase, pero también requieren un socio estable y confiable para hacer negocios. Sin embargo, se puede tener un socio estable sin necesidad de ir a elecciones.

Creo que este es un eufemismo importante dentro de las declaraciones. La única forma real de tener un socio confiable es lograr un proceso de redemocratización donde el pueblo vote por una opción política, y que esa opción decida mantener una relación preferente con Estados Unidos en materia comercial y económica.

¿Cuándo se considera exitoso un proceso de diálogo?

Este ha sido uno de los grandes temas de discusión este año, evaluar si el actual gobierno interino responde mejor o si efectivamente se quiere dar el salto a un proceso electoral para que quien resulte ganador conduzca esas relaciones. Ojo, si se realizara una elección hoy, la ganaría ampliamente María Corina Machado. Sin embargo, ella no está en el país, no está habilitada políticamente y no tiene un partido formal. Son temas que se tienen que resolver mediante esa negociación.

Por otra parte, para que un proceso de este tipo tenga éxito, se debe mantener informada a la ciudadanía sobre avances tangibles. Fíjate que a esta hora prácticamente no hay comunicados oficiales sobre quiénes son los negociadores. Habrá que ver cómo presentan esa hoja de ruta: si dicen “nos vamos a reunir dentro de un mes” o si anuncian que se reunirán más adelante para seguir ganando tiempo.

Este es un tema sensible para la ciudadanía, cuya atención hoy está concentrada, en primer lugar, en lo económico; en segundo lugar, en la crisis de servicios públicos; y, en tercer lugar, en el impacto de los dos terremotos del 24 de junio. Muchas personas están enfocadas en “echar para adelante”, reconstruir sus hogares o ver dónde van a vivir a través de los sistemas de protección anunciados por el gobierno interino. La mente de muchos no va a estar, al menos inicialmente, enfocada en presionar para que el diálogo logre una elección libre y justa.

—EEUU tiene el tutelaje. ¿Esto pudiera darle más credibilidad al proceso y las garantías de cumplimiento de los acuerdos?

La credibilidad del proceso va a depender de Estados Unidos y de las garantías de cumplimiento. Respecto a esto, Marco Rubio también indicó que aspiran a un escenario de reconciliación. Esa reconciliación implica analizar qué pasa con un grupo político que fue hegemónico y que ha ido perdiendo poder gradualmente, cuya intención de voto, aceptación y confianza probablemente cayó aún más por su gestión tras los terremotos.

Insertar a este grupo político pasa por dos vías: un acuerdo de consenso nacional, es decir, formar parte de un gobierno posterior, lo cual dependerá de la voluntad política de quien gane, y la representación proporcional de minorías de acuerdo con las leyes electorales, dentro de una elección de la Asamblea Nacional.

Esto último aplicaría a la Asamblea Nacional, pero no necesariamente para ganar posiciones como alcaldías, gobernaciones o la presidencia, donde la victoria resulta mucho más compleja dados los resultados de las elecciones de hace dos años y el avance del nivel de aceptación hacia el tutelaje.

Actualmente, al menos siete de cada 10 personas ven con buenos ojos y confían en Estados Unidos, una proporción similar confía en María Corina Machado. En cambio, la confianza en el gobierno nacional no supera los 14 puntos, particularmente en el caso de Delcy Rodríguez.

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