El doble sismo de magnitudes 7.2 y 7.5 que sacudió la tierra venezolana a las 6:04 de la tarde del pasado miércoles 24 de junio —Día de San Juan Bautista— revivió un temor adormecido. Ciudades como La Guaira, Caracas, Maracay y Valencia se estremecieron con una fuerza que no se registraba en más de un siglo.
Casi de inmediato, la población comenzó a llamar informalmente al evento "Los Terremotos de San Juan". Aunque para algunos este bautizo en medio de la tragedia resultó curioso, no se trata de un fenómeno de las redes sociales ni de las nuevas generaciones. Nombrar los desastres naturales según el santoral católico es una herencia colonial que data de la época en que Venezuela ni siquiera era una república soberana.
La fe y la historia sísmica nacional
En la Caracas colonial, la tradición católica regía la vida cotidiana. Así como los recién nacidos eran bautizados según el santo del día, los desastres naturales también quedaban marcados en las crónicas bajo la protección —o el reclamo— de la deidad de la fecha.
La historia venezolana registra importantes precedentes de esta práctica:
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Terremoto de San Blas (3 de febrero de 1610): Devastó los Andes venezolanos y marcó uno de los primeros registros sísmicos documentados en el territorio. Esa es la fecha de San Blas de Sebaste, patrono de los otorrinolaringólogos.
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Terremoto de San Bernabé (11 de junio de 1641): No había transcurrido ni medio siglo del anterior cuando este sismo, de una magnitud estimada entre 6.0 y 7.3, destruyó la ciudad de Santiago de León de Caracas y golpeó duramente al puerto de La Guaira.
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Terremoto de Santa Úrsula (21 de octubre de 1766): Ocurrió en el día consagrado a Santa Úrsula de Colonia. Según investigaciones del ingeniero José Grases Galofre, publicadas en el Boletín de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales, este evento es considerado por los científicos como el verdadero inicio de la historia sísmica instrumental e informativa del país.
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Terremoto de San Narciso (29 de octubre de 1900): Fue el último sismo en recibir el nombre de un santo tras causar graves destrozos en Caracas y La Guaira. El santoral correspondía a San Narciso de Jerusalén.
El caso de 1812: Una excepción litúrgica El histórico sismo del 26 de marzo de 1812 en Caracas es el único de la era colonial que no lleva el nombre de un santo particular (a pesar de coincidir con San Braulio). Al haber ocurrido un Jueves Santo, la denominación derivó directamente del acontecimiento litúrgico, quedando grabado en los anales como el «Terremoto de Jueves Santo».
El fin de la tradición
La costumbre de asociar la sismología con el santoral se rompió definitivamente a mediados del siglo XX. El 29 de julio de 1967, a pesar de que el calendario católico celebraba a Santa Marta, San Felicio mártir, Santa Beatriz y San Lázaro, el sismo que conmocionó a la capital no adoptó tintes religiosos. Para la historia contemporánea y la ciencia, pasó a ser, llanamente, «El Terremoto de Caracas».
