El terremoto del 24 de junio dejó más que muerte y destrucción a su paso. Planteó una realidad ineludible: la reconstrucción de Venezuela requerirá cuantiosos recursos extraordinarios y decisiones urgentes. Superada la fase de emergencia, el gran desafío es evitar que la tragedia derive en una prolongada parálisis económica y social.
Las primeras evaluaciones del PNUD estiman los daños físicos directos en alrededor de $6 mil 700 millones, equivalentes a casi 6% del PIB nacional. Especialistas advierten que el impacto total podría acercarse a los $9 mil millones, al sumar interrupción de actividades productivas, costos logísticos y pérdidas comerciales. Ante semejante magnitud, cada esfuerzo orientado a restablecer la actividad económica adquiere una importancia estratégica para la recuperación del país.
En ese contexto, es justo visibilizar los avances que apuntan en la dirección correcta. La habilitación de una pista paralela en el Aeropuerto Internacional de Maiquetía para reanudar las operaciones comerciales constituye una señal positiva. Demuestra que, cuando prevalecen las soluciones, es posible restablecer la conectividad, facilitar el flujo de bienes y comenzar a recuperar la dinámica productiva nacional.
No obstante, la normalización no puede detenerse en puertos y aeropuertos. Toda actividad económica debe arrancar ya. Entre ellas, la industria hípica ocupa un lugar especial por el amplio tejido social y laboral que representa. De acuerdo con cifras oficiales compartidas en el pasado reciente por el INH, la actividad hípica genera alrededor de 60 mil empleos directos y otros 90 mil indirectos en toda la cadena de valor.
Si bien reconocemos el esfuerzo de las autoridades hípicas, que han colaborado activamente con los damnificados en medio de esta emergencia, es conveniente recordar que miles de familias dependen directa e indirectamente de la cría, entrenamiento, transporte y competencia de purasangres.
La actividad hípica presenta además una particularidad que la diferencia de muchos otros sectores: los purasangre no pueden detenerse ni ponerse en pausa. Se trata de “atletas” de alto rendimiento que requieren alimentación especializada, atención veterinaria permanente, entrenamiento diario y cuidados continuos para preservar su salud y condición física. Por ello, hacemos votos por una pronta reanudación de esta actividad, que data de más de un siglo en esta, la tierra de Bolívar.
En conclusión, pues, en la nación se requiere reconstruir carreteras, viviendas y servicios. Pero Venezuela también necesita recuperar empleo, producción y confianza. Cada sector que vuelve a ponerse en marcha representa un paso hacia la normalidad. Porque hoy, más que nunca, reactivar la economía es reconstruir la esperanza.