El ritmo de contratación en la economía de los Estados Unidos registró una marcada desaceleración durante el mes de junio, evidenciando los altibajos estructurales que experimenta el mercado de trabajo de cara a los objetivos de reindustrialización de largo alcance promovidos por la administración del presidente Donald Trump. De acuerdo con el informe oficial publicado por la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS), el aparato productivo norteamericano incorporó apenas 57.000 nuevos puestos en las nóminas no agrícolas, un resultado que se ubicó drásticamente por debajo de las expectativas de Wall Street, donde las proyecciones de los analistas apuntaban a una generación de 115.000 plazas.
A pesar del débil incremento en la contratación, la tasa de desempleo experimentó un sutil descenso, pasando del 4,3% en mayo al 4,2% en junio. No obstante, economistas y agencias técnicas precisaron que esta reducción no respondió a un fortalecimiento de la demanda laboral, sino al retiro voluntario de más de 700.000 ciudadanos de la fuerza económicamente activa. El panorama sectorial se vio además afectado por revisiones a la baja en los registros previos, restando de forma conjunta 74.000 empleos a los balances inicialmente publicados para los meses de abril y mayo.
Comportamiento sectorial e impacto energético
La distribución del empleo reflejó un comportamiento marcadamente asimétrico entre los diferentes rubros de la actividad económica del país:
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Sectores en crecimiento: La atención médica y la asistencia social continuaron operando como los principales motores de captación laboral, impulsados por el envejecimiento demográfico. El sector salud sumó 22.000 nuevas plazas, mientras que la asistencia social incorporó 25.000 trabajadores.
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Contracción en servicios: El rubro de ocio y hostelería perdió 61.000 puestos de trabajo, revirtiendo el sólido desempeño del mes previo debido a una contratación estacional significativamente más débil de lo habitual.
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Estancamiento estructural: Sectores estratégicos para la agenda económica nacional como la industria manufacturera, el comercio minorista, las actividades financieras y el transporte permanecieron congelados sin variaciones netas de relevancia.
Especialistas financieros atribuyeron esta pérdida de dinamismo a factores externos de índole geopolítico. El incremento sostenido en los precios de la energía —asociado a las repercusiones de la guerra de Washington contra Irán— operó como un lastre negativo para los empleadores, elevando los costos de operación y frenando los planes de expansión de las empresas de mediano y gran calado.
Política monetaria y rezago del salario real
El balance del mercado laboral reduce de forma inmediata las presiones operativas sobre la Reserva Federal. Investigadores de la Institución Brookings e instituciones como Nationwide coincidieron en que el enfriamiento de las nóminas ofrece argumentos suficientes para que el banco central estadounidense opte por mantener las tasas de interés sin modificaciones en su próximo ciclo, permitiendo centrar la atención prioritariamente en la estabilidad de los precios internos.
Por otra parte, el informe de la BLS expuso que el salario promedio por hora de los trabajadores estadounidenses registró un incremento del 3,5% en términos anuales. Esta cifra sitúa el avance de las remuneraciones 0,7 puntos porcentuales por detrás del índice de inflación general de la economía norteamericana, lo que se traduce en una pérdida real del poder adquisitivo de las familias y en un incremento del malestar social de cara a las próximas elecciones de mitad de mandato de noviembre, donde el Partido Republicano someterá a votación sus mayorías en ambas cámaras del Congreso.
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