Karina Bechara, madre y sobreviviente del devastador doble terremoto que arrasó con su edificio residencial en Caraballeda, La Guaira, relató los momentos de terror que vivió tras quedar atrapada entre los escombros.
Los sismos que se registraron el pasado 24 de junio, con magnitudes de 7.2 y 7.5, dejaron serios daños en toda la entidad y cambiaron la vida de Bechara de una manera drástica e inesperada. La sobreviviente perdió ambas piernas tras pasar 23 horas bajo los restos de la estructura.
El testimonio de Karina, compartido por el periodista Román Camacho, es evidencia de su inquebrantable fortaleza. La mujer relató que, en el momento de los sismos, se encontraba en su apartamento, en las residencias Mar de Leva de la avenida principal de Caraballeda.
Perdió sus dos piernas tras quedar atrapada bajo los escombros
Repentinamente, la tierra empezó sacudirse de manera violenta; su apartamento se movía de un lado a otro, mientras sus muebles y otras pertenencias caían. “El ruido fue una cosa descomunal. Creo que jamás olvidaré el ruido que hizo en ese momento”, relató Bechara.
Agradeció a Dios que sus hijos, de 20 y 26 años no estuvieran en casa, pues la habitación donde ellos habrían estado “quedó completamente destrozada”.
Durante el colapso de la estructura, Karina logró colocarse en posición fetal y protegió su cabeza con los brazos justo antes de que todo quedara a oscuras.
Inevitablemente, quedó sepultada bajo los escombros. Fue entonces cuando notó que un pesado mueble aprisionaba sus extremidades inferiores. A pesar del dolor, mantuvo la compostura.
Su deseo por ver a sus hijos la mantuvo con vida
Recordó que llevaba un reloj en su muñeca que le permitió medir el tiempo que estuvo en aquel pequeño espacio y permanecer consciente durante las 23 horas siguientes bajo el concreto.
“Le decía a Papá Dios: si me dejaste aquí es porque mis hijos deben estar vivos”, recordó la madre. Aseguró que su deseo de volver a abrazar a sus retoños y la ilusión de conocer a su futuro nieto le permitieron aferrarse a la vida.
Finalmente, y de manera milagrosa, fue su pequeña perrita quien orientó a su hija y al novio de esta hacia el punto exacto donde Karina yacía atrapada. Posteriormente, iniciaron las labores para su rescate.
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