Las autoridades sanitarias del estado de Nueva York han emitido una alerta epidemiológica para los residentes tras confirmarse tres casos de tularemia en el condado de Suffolk, en Long Island.
Conocida popularmente como la "fiebre del conejo", esta afección es una enfermedad poco común transmitida principalmente por vectores como las garrapatas, cuyos síntomas suelen manifestarse de forma más severa e intempestiva que los de patologías más habituales como la enfermedad de Lyme.
De acuerdo con datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), la tularemia es causada por una infección bacteriana que se propaga mediante picaduras de insectos infectados o por el contacto directo con la sangre o tejidos de animales enfermos.
Síntomas intensos y un cuadro clínico severo
A diferencia de otros padecimientos leves, la tularemia se caracteriza por un deterioro rápido de la salud del paciente que, en la mayoría de los casos, requiere atención médica de emergencia.
La doctora Sharon Nachman, especialista del Hospital Infantil de Stony Brook, destacó la gravedad del cuadro:
"Tienes dolor de cabeza, te duelen los músculos, te duelen las articulaciones, te sientes fatal y a menudo acabas en urgencias. No es el tipo de enfermedad donde uno se queda en casa pensando simplemente 'me siento un poco mal'".
Entre los principales signos de alarma se encuentran la fiebre alta, fatiga extrema, dolores articulares agudos y la aparición de llagas o heridas abiertas en el punto exacto donde se produjo la picadura del insecto.
El caso de Long Island: semanas de dolor y tratamiento continuo
Entre los casos confirmados en Suffolk figura el de John Detmer, un niño de 9 años que fue diagnosticado tras sufrir la picadura de una garrapata en el cuero cabelludo mientras jugaba en el patio de su casa.
Su madre, Tracey Detmer, relató que el diagnóstico tomó tiempo debido a la rareza de la patología; de hecho, el infectólogo que atendió al menor señaló haber visto la enfermedad solo una vez en toda su trayectoria profesional.
El niño enfrentó 11 días de fiebre intensa, dolores musculares y llagas agudas en la cabeza que requirieron múltiples esquemas de antibióticos antes de lograr su recuperación total.
Transmisión y medidas clave de prevención
Funcionarios de salud del condado de Suffolk explicaron que la cadena de contagio suele iniciar cuando una garrapata pica a un conejo o roedor silvestre infectado y posteriormente transmite la bacteria a un ser humano.
Para reducir el riesgo de contagio en zonas de vegetación o patios residenciales, los expertos recomiendan aplicar las siguientes medidas preventivas:
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Inspección corporal minuciosa: Revisar cuidadosamente la piel, el cuero cabelludo y la ropa de niños y adultos tras realizar actividades al aire libre.
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Evitar contacto con fauna silvestre: Mantenerse alejado de conejos u otros roedores silvestres que se encuentren muertos o muestren signos de enfermedad.
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Uso de repelente: Aplicar productos autorizados contra garrapatas en piel expuesta y vestimenta.
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Atención médica oportuna: Consultar de inmediato a un profesional de la salud si una picadura de garrapata evoluciona hacia una llaga abierta o se acompaña de fiebre repentina.
Las autoridades reiteraron la importancia de mantenerse informados sobre los síntomas para garantizar diagnósticos tempranos que permitan iniciar tratamientos con antibióticos a tiempo.
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