Los equipos de búsqueda y rescate de Miami-Dade regresaron de Venezuela con testimonios desgarradores sobre la magnitud del desastre provocado por los terremotos ocurridos el pasado 24 de junio.
Gerardo Rodríguez, subdirector de Miami Fire Rescue, describió un panorama de destrucción masiva e incalculable, donde la infraestructura civil quedó completamente colapsada, desafiando incluso la experiencia previa de los rescatistas en catástrofes internacionales.
Al evaluar las zonas más afectadas, el subdirector destacó la severidad de los daños estructurales y la complejidad del entorno al que se enfrentaron las brigadas de emergencia.
El equipo, que ha participado en misiones de gran envergadura a nivel global, admitió que el nivel de devastación en el país sudamericano superó con creces lo que observaron en crisis anteriores.
Un panorama de destrucción sin precedentes
De acuerdo con las declaraciones de Rodríguez, la solidez de las construcciones urbanas no fue suficiente para resistir el impacto de los movimientos telúricos, lo que generó un escenario operativo sumamente inestable y peligroso para los cuerpos de rescate.
"No había edificio o estructura que no tuviera ningún daño. El equipo fue a Haití y la diferencia fue mucha con relación a Venezuela", enfatizó el subdirector, haciendo hincapié en el deterioro generalizado que sufrió la infraestructura venezolana a diferencia de otros desastres en la región.
A pesar de las complejas condiciones del terreno y el peligro inminente de réplicas, los rescatistas de Miami lograron mantener un enfoque absoluto en la misión gracias al apoyo de las comunidades afectadas.
Rodríguez resaltó que contaron con la colaboración constante de ciudadanos locales, quienes se unieron a las labores de apoyo para agilizar el despliegue de los recursos de emergencia en las zonas críticas.
El protocolo de búsqueda: caninos y tecnología contra el reloj
El proceso de intervención en las estructuras colapsadas siguió un estricto protocolo internacional para maximizar las posibilidades de encontrar sobrevivientes entre los escombros.
Al llegar a cada área asignada, la prioridad absoluta del equipo de Miami fue el rastreo inmediato de sobrevivientes utilizando recursos especializados.
El trabajo inicial dependió por completo de las unidades caninas, entrenadas para detectar ráfagas de viento con rastros biológicos atrapados bajo toneladas de concreto.
Una vez que los perros daban una señal positiva de vida o los rescatistas visualizaban a una persona atrapada, se procedía a movilizar la maquinaria pesada y las herramientas de corte hidráulico para abrir vías de acceso seguras.
Frustración en el terreno: pulgadas que se traducen en horas
Uno de los desafíos psicológicos más duros para los especialistas de Miami Fire Rescue fue gestionar la enorme presión del tiempo en un entorno donde cada movimiento en falso podía provocar un nuevo desplome.
La delicadeza que exigen las maniobras de extracción de personas atrapadas choca directamente con la urgencia de salvar vidas.
Rodríguez confesó que el sentimiento más difícil de asimilar para el personal de primera respuesta es la lentitud obligada de los procedimientos técnicos.
En escenarios de colapso severo, remover un fragmento de concreto requiere de un cálculo milimétrico; en este tipo de misiones, avanzar apenas unas cuantas pulgadas de espacio seguro puede llegar a traducirse en horas de trabajo ininterrumpido.
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