El mes de julio pulverizó oficialmente los registros históricos al convertirse en el mes más caluroso jamás registrado en los Estados Unidos continentales.
De acuerdo con los datos presentados por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), la temperatura media en los 48 estados continentales alcanzó los 76,9 grados Fahrenheit (24,9 °C), situándose aproximadamente 3,3 grados por encima del promedios del siglo XX y estableciendo la cifra más alta en los 132 años de seguimiento meteorológico en la nación.
Un récord histórico que superó al de la Gran Depresión
El reciente registro de calor abrasador sobrepasó en 0,8 grados Fahrenheit la marca histórica previa fijada en julio de 1936, un periodo recordado por las extremas condiciones climáticas ocurridas durante la Gran Depresión.
Mientras que las temperaturas de 1936 se concentraron principalmente en el Medio Oeste y se vieron acentuadas por prácticas agrícolas de la época, las condiciones actuales han afectado de manera simultánea a amplias franjas del territorio estadounidense.
Aunque Alaska experimentó un comportamiento inusualmente frío, las temperaturas por encima del promedio asfixiaron a las regiones montañosas del oeste, el suroeste, las llanuras del norte y el sureste.
En la región del Atlántico Medio, ciudades como Washington D.C., Richmond (Virginia) y Raleigh (Carolina del Norte) registraron algunas de las temperaturas más altas jamás contabilizadas durante las festividades del 4 de julio.
Contraste térmico: Lluvias torrenciales e inundaciones repentinas
A pesar de que el acumulado general de precipitaciones a nivel nacional se mantuvo por debajo de la media, el comportamiento del clima se caracterizó por marcados contrastes.
Varias zonas del país sufrieron lluvias torrenciales e inundaciones repentinas de gran magnitud. Un caso destacado ocurrió en el este del estado de Nueva York, donde las precipitaciones registradas alcanzaron la cifra de 30 centímetros de agua durante el mes.
El impacto del cambio climático y el riesgo de las noches cálidas
Comunidad científica y especialistas de la NOAA atribuyen la frecuencia e intensidad de estas olas de calor a la quema continuada de carbón, petróleo y gas natural.
Katharine Jacobs, científica climática de la Universidad de Arizona, señaló que las temperaturas extremas, combinadas con las condiciones de sequía e incendios forestales, guardan una correlación directa con la señal del cambio climático a nivel global.
Por su parte, expertos meteorológicos enfatizan que uno de los aspectos más críticos de estas anomalías térmicas es el elevado nivel de las temperaturas nocturnas.
Cuando el ambiente no logra enfriarse durante la noche, el cuerpo humano pierde la capacidad de recuperarse del estrés térmico acumulado en el día, lo que incrementa significativamente los riesgos para la salud pública.
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