El sistema de detención migratoria de los Estados Unidos (EEUU) enfrenta una de sus crisis más severas en materia de derechos humanos y salud pública.
Una profunda investigación de la agencia Associated Press (AP) ha sacado a la luz un incremento drástico y sin precedentes en la tasa de suicidios de inmigrantes bajo la custodia del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), coincidiendo con el endurecimiento de las políticas de detención y el avance de los planes de deportación masiva de la actual administración.
De acuerdo con los datos recopilados a partir de autopsias, registros policiales e informes internos, al menos 10 detenidos -todos hombres- se han quitado la vida desde enero de 2025.
La gravedad de la situación se acentúa al observar el año fiscal en curso, que inició en octubre pasado: en estos meses ya se han oficializado siete suicidios, marcando el período más letal en las dos décadas de historia de la agencia, donde lo habitual solía ser el registro de uno o ningún caso por año.
Sobrepoblación y un sistema al límite
El repunte de estas fatalidades corre en paralelo al incremento de la población recluida.
Actualmente, el número de personas retenidas por ICE ronda las 60.000, lo que representa un aumento cercano al 50% en comparación con los niveles previos al actual mandato presidencial.
Estos decesos representan casi el 20% del total de las 51 muertes registradas bajo custodia migratoria en el mismo período, evidenciando fallas críticas de supervisión que expertos consideran evitables.
Las investigaciones apuntan a que múltiples centros ignoraron síntomas de crisis psicológica, cancelaron citas debido a falta de personal y dejaron sin el monitoreo requerido a internos vulnerables.
El perfil de las víctimas muestra un impacto devastador en la comunidad latina: nueve de los diez fallecidos eran hombres hispanos de entre 19 y 45 años, procedentes de naciones como México, Colombia y Nicaragua.
Asimismo, la documentación aclara que siete de ellos no contaban con antecedentes penales por delitos violentos en territorio estadounidense; eran trabajadores indocumentados de sectores como la pintura, la construcción o los servicios de entrega.
Casos que evidencian la negligencia
Uno de los expedientes más estremecedores es el de Brayan Rayo Garzón, un joven colombiano de 26 años recluido en la cárcel del condado de Phelps, en Misuri.
Rayo, clasificado por ICE como un trabajador de bajo riesgo, fue aislado tras dar positivo a COVID-19. Mientras sufría de fiebres altas y dificultades respiratorias, su salud emocional se deterioró con rapidez.
El joven entregó notas desesperadas en español pidiendo comunicarse con su madre: "Sé que usted tiene familia y sabe que ellos se preocupan por nosotros... Dios lo bendiga", escribió a un guardia.
Debido a que el custodio requirió de ayuda externa para traducir los mensajes, la respuesta se retrasó. Menos de una hora después, Rayo fue hallado inconsciente.
Los registros confirmaron que su cita de salud mental programada días antes había sido cancelada por "falta de personal".
La problemática se extiende a lo largo de toda la red de ICE, afectando también a minorías con barreras lingüísticas extremas.
En Pensilvania, en el Centro de Procesamiento de Moshannon Valley -operado por la empresa privada GEO Group-, el ciudadano chino Chaofeng Ge, de 32 años, se quitó la vida en el área de las duchas tras permanecer cinco días detenido por cargos menores de fraude, sin recibir asistencia psiquiátrica pese a reportes previos de problemas mentales severos.
Contratistas privados en el ojo de la tormenta
La mitad de los suicidios documentados ocurrieron en complejos gestionados por corporaciones privadas como GEO Group y CoreCivic.
Auditorías e inspecciones internas han detectado de forma reiterada serias infracciones de seguridad, tales como herramientas peligrosas sin resguardar, fallas en los sistemas de videovigilancia y demoras sistemáticas en la atención médica básica.
Por su parte, representantes del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) defendieron las directrices vigentes afirmando que las fatalidades por autolesión siguen siendo "extremadamente raras" en proporción al volumen total de detenidos, asegurando que se provee el cuidado médico estipulado por la ley.
Sin embargo, activistas e inspectores independientes coinciden en que el prolongar los tiempos de reclusión sin acceso inmediato a asesoría legal ni traductores adecuados agrava drásticamente el aislamiento y la desesperación de los internos.
Apoyo y recursos útiles
Si usted tiene un familiar detenido o teme por la integridad emocional de un ser querido en cualquier centro migratorio o comunidad dentro de EEUU, existen recursos gratuitos, confidenciales y en español a los que puede recurrir de forma inmediata:
- Línea de Prevención del Suicidio y Crisis: marque o envíe un mensaje de texto al 988. Funciona las 24 horas del día, los 7 días de la semana. Cuenta con operadores especializados en español y asistencia totalmente confidencial, sin importar el estatus migratorio.
- The Trevor Project (Apoyo LGBTQ+): si el detenido pertenece a la comunidad LGBTQ+ y sufre de acoso o crisis de ansiedad, puede llamar al 1-866-488-7386 o enviar la palabra 'START' al 678-678.
- Red de consulados: comuníquese de inmediato con el consulado de su país de origen (México, Colombia, Centroamérica, etc.) en la ciudad estadounidense más cercana. Los consulados cuentan con departamentos de protección legal que pueden exigir visitas de verificación de salud al centro de detención donde se encuentre su familiar.
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