El auge de la inteligencia artificial (IA) está impulsando inversiones multimillonarias en Estados Unidos, pero también podría generar desequilibrios que afecten a otras actividades económicas.
Economistas advierten que la construcción de centros de datos, la demanda de electricidad y la fabricación de chips están absorbiendo capital, trabajadores y materiales que necesitan sectores como la vivienda y la industria automotriz.
El fenómeno tiene un nombre: «enfermedad holandesa». Una estimación del economista Stijn Van Nieuwerburgh, de la Universidad de Columbia, calcula que Estados Unidos podría necesitar casi 9 billones de dólares hasta 2032 para desarrollar 188 gigavatios de capacidad de centros de datos para inteligencia artificial. Esa inversión equivaldría a un promedio anual del 3,2% del producto interno bruto entre 2025 y 2032.
¿Qué significa la enfermedad holandesa y por qué preocupa?
La revista The Economist popularizó el término en 1977 para describir los problemas que enfrentó Países Bajos después del descubrimiento de grandes reservas de gas natural.
Aunque el auge energético generó ingresos, también fortaleció la moneda nacional y encareció otras exportaciones, lo que perjudicó la competitividad de la industria manufacturera.
El concepto se amplió con el tiempo: una actividad económica que crece aceleradamente puede atraer inversiones, trabajadores y recursos de otros sectores, elevar sus costos y dificultar su desarrollo.
Torsten Slok, economista jefe de Apollo Global Management, advierte que el auge de la IA reproduce parte de ese desequilibrio en Estados Unidos.
Según su análisis, la expansión tecnológica absorbe capital, electricidad y mano de obra de industrias más sensibles a las tasas de interés, como la construcción de viviendas y la fabricación de automóviles.
Slok también considera que las presiones inflacionarias vinculadas con la IA podrían complicar las decisiones de la Reserva Federal y obligarla a mantener los tipos de interés elevados durante más tiempo.
Chips, viviendas y automóviles: los sectores bajo presión
Uno de los ejemplos más visibles aparece en la industria de los semiconductores. Los centros de datos necesitan grandes cantidades de memoria para procesar información y ejecutar sistemas de IA. Esa demanda compite con la fabricación de dispositivos electrónicos, teléfonos y vehículos.
Bloomberg Intelligence calcula que los servidores de inteligencia artificial podrían consumir más del 60% de los chips DRAM del mundo para 2030.
La presión sobre la oferta puede elevar los costos de producción de computadoras, teléfonos, consolas y automóviles, que también dependen de estos componentes.
La construcción ofrece otra señal de desequilibrio. La Asociación de Contratistas Generales de Estados Unidos informó que el gasto en centros de datos aumentó 90% entre septiembre de 2025 y septiembre de 2026. En contraste, la inversión privada en construcción residencial cayó 8,9% durante ese mismo período.
El economista jefe de la organización, Ken Simonson, advirtió que la demanda de centros de datos y proyectos eléctricos está ocultando los recortes de inversión en otras actividades y agravando las presiones sobre las cadenas de suministro y los costos de construcción.
El historiador económico Chris Miller, de la Universidad de Tufts, también relaciona el crecimiento de la infraestructura tecnológica con el encarecimiento de materiales y recursos.
Su planteamiento apunta a que la expansión de la IA puede contribuir a explicar por qué muchos estadounidenses siguen sintiendo presión económica, incluso cuando el sector tecnológico registra inversiones extraordinarias.
¿Cómo podría evitarlo Estados Unidos?
Los especialistas no plantean frenar el desarrollo de la inteligencia artificial como solución. En cambio, proponen ampliar la oferta de electricidad, chips, materiales, infraestructura y trabajadores especializados para atender la demanda sin desplazar a otras industrias.
También señalan la importancia de reducir los obstáculos para construir fábricas, ampliar redes eléctricas y desarrollar nuevos proyectos.
Si la oferta crece al mismo ritmo que la demanda, la economía podría aprovechar las inversiones en IA sin trasladar tantos costos a la vivienda, los automóviles y los productos de consumo.
El desafío para Estados Unidos consiste en sostener el crecimiento tecnológico sin permitir que sus necesidades de recursos terminen encareciendo el resto de la economía.
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