El Partido Demócrata asume el control absoluto del Capitolio y alista una batería exhaustiva de investigaciones legislativas contra Donald Trump tras los comicios legislativos de mitad de mandato.
Los demócratas tienen una ventaja asegurada de al menos 54 bancas en el Senado y una sólida proyección que superaría los 250 escaños en la Cámara de Representantes.
Es por ello que la nueva mayoría parlamentaria dispone del poder constitucional para fiscalizar las cuentas públicas y someter a escrutinio formal las decisiones del Poder Ejecutivo.
El líder demócrata en la Cámara Baja, Hakeem Jeffries, anunció el inicio inmediato de procesos de rendición de cuentas orientados a transparentar la gestión gubernamental y exigir responsabilidades directas al mandatario de 80 años.
Acciones republicanas
Ante este inminente asedio legislativo, la cúpula republicana activó una estrategia de resistencia interna para blindar la administración federal, según detalla El Nuevo Herald
El congresista Steve Scalise instruyó formalmente a los jefes de todos los comités de la bancada conservadora a reunir documentación clave y estructurar argumentos defensivos frente a lo que califica como un plan sistemático de supervisión hostil contra Trump, su gabinete y su círculo familiar.
En paralelo, persisten disputas jurídicas y conteos ajustados por bancas clave en estados como Misisipi y Alaska, donde la Casa Blanca denuncia irregularidades en las boletas electorales y exige la adjudicación directa de sufragios en favor del senador Dan Sullivan.
Acciones contra Trump
El mandatario advirtió que recurrirá a su facultad de veto presidencial frente a cualquier legislación contraria a sus intereses y aseguró que un eventual tercer juicio político terminaría con la destrucción del partido opositor.
Sin embargo, este revés electoral debilita profundamente la autoridad política del presidente e intensifica el fuego amigo dentro de sus propias filas por el impacto económico del conflicto armado con Irán y el incremento en los combustibles.
Diversos referentes conservadores, como el gobernador floridano Ron DeSantis, ya catalogan estos resultados como una catástrofe institucional sin precedentes en el último siglo y anticipan una prolongada crisis de gobernabilidad para la derecha estadounidense.
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