Ola de calor en EEUU: ¿por qué las noches son ahora el mayor peligro?

Las altas temperaturas nocturnas en EE. UU. impiden que el cuerpo se recupere del esfuerzo diario, lo que sobrecarga el corazón y eleva de forma drástica el riesgo de mortalidad.

Miércoles, 15 de julio de 2026 a las 10:15 pm

Las intensas olas de calor en el territorio estadounidense ya no representan una preocupación exclusiva de las horas diurnas. Expertos en salud pública y meteorología alertan sobre un fenómeno térmico silencioso: las temperaturas nocturnas excepcionalmente altas. Los reportes del Servicio Meteorológico Nacional (NWS) indican que los termómetros no bajarán a niveles seguros durante la madrugada, un factor que frena el enfriamiento ambiental en amplias regiones del país.

En diversas metrópolis del sur, como Miami, Fort Lauderdale, Tampa, Galveston y Charleston, las marcas térmicas nocturnas no bajan de los 80 °F. El fenómeno también golpea a regiones habitualmente frías como Fargo, International Falls y Portland. En estos lugares, los termómetros registran noches por encima de los 70 °F, un escenario anómalo que altera los ciclos biológicos de la población local.

La peligrosidad de este comportamiento climático radica en la termorregulación del organismo. El cuerpo humano necesita que la temperatura exterior disminuya significativamente durante la noche para reducir su calor interno y reparar el estrés cardiovascular acumulado durante el día. Si el entorno no se enfría, el corazón trabaja sin descanso para bombear sangre hacia la piel y disipar el calor, lo que somete al sistema cardiovascular a una presión continua y severa. Este esfuerzo ininterrumpido eleva de forma lineal la temperatura del cuerpo durante las 24 horas y multiplica el riesgo de sufrir infartos o golpes de calor al día siguiente. Además, la falta de un ambiente fresco impide el sueño profundo y reparador, una carencia que debilita el sistema inmune.

Científicos especializados en salud pública, como la doctora Kristie Ebi de la Universidad de Washington, advierten que el impacto real no siempre aparece de inmediato. Las consecuencias clínicas suelen surgir con uno o dos días de retraso. De hecho, los datos demuestran que la mortalidad asociada a las olas de calor sube de forma abrupta a partir del segundo o tercer día debido, precisamente, a la falta de recuperación nocturna consecutiva.

Los centros urbanos agravan este problema a causa del efecto de isla de calor. El asfalto, el hormigón y los edificios absorben la radiación solar durante el día y liberan ese calor de forma lenta hacia la atmósfera durante la noche, lo que anula el enfriamiento natural que sí ocurre en las zonas rurales o boscosas.

Para contrarrestar los efectos de este fenómeno y proteger a los grupos más vulnerables, como adultos mayores, niños y mujeres embarazadas, los especialistas recomiendan tomar precauciones antes de que aparezcan síntomas de alerta como calambres, fatiga extrema o dolores de cabeza. Resulta fundamental dormir en habitaciones con aire acondicionado o con una ventilación cruzada óptima. Asimismo, la aplicación de toallas húmedas o compresas frías sobre el cuello, las muñecas y la cabeza antes de acostarse ayuda a reducir la temperatura corporal de manera rápida. Finalmente, el monitoreo constante a familiares, vecinos de edad avanzada o personas con patologías crónicas asegura que estas poblaciones en riesgo tengan acceso a medios de refrigeración adecuados para superar la emergencia climática.

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