¿Tormenta a la vista? Vigilancia en el Golfo y Florida ante un giro radical del clima en junio (+ Riesgos)

Los expertos advierten que las amenazas locales de principios de temporada no deben subestimarse

Viernes, 29 de mayo de 2026 a las 02:00 pm

A días del inicio oficial de la temporada de huracanes de 2026, los meteorólogos vigilan de cerca el Golfo de México y el Atlántico sudoccidental ante la posible formación de una perturbación tropical.

Aunque las proyecciones generales de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) y de firmas privadas como AccuWeather prevén una temporada 2026 con una actividad ligeramente inferior al promedio histórico debido al desarrollo del fenómeno de El Niño, los expertos advierten que las amenazas locales de principios de temporada no deben subestimarse.

El foco de atención: aguas cálidas en el Golfo

El equipo de meteorólogos de AccuWeather ha emitido un aviso preventivo debido al aumento de las temperaturas en la superficie del mar en la franja que se extiende desde la península de Yucatán (México) hasta los alrededores de la península de Florida.

Actualmente, las aguas en estas zonas registran temperaturas muy cercanas o superiores a los 80 °F (aproximadamente 27 °C), el umbral térmico que actúa como "combustible" para que los sistemas de baja presión se organicen y ganen fuerza.

Alex DaSilva, especialista principal en huracanes de AccuWeather, explicó que, desde una perspectiva climatológica, es habitual registrar ciclogénesis (desarrollo de tormentas) tempranas en el centro y este del Golfo de México durante las primeras semanas de junio. Sin embargo, el experto aclaró la situación actual:

"La probabilidad de desarrollo sigue siendo muy baja a corto plazo debido a la fuerte cizalladura del viento. Sin embargo, a medida que esta cizalladura disminuya, las condiciones podrían volverse más favorables para que se desarrolle un área de baja presión en el Golfo o en el Caribe occidental".

¿Cuándo y hacia dónde podría moverse?

De acuerdo con los modelos dinámicos, la ventana de mayor probabilidad para cualquier organización tropical se sitúa entre mediados y finales de la próxima semana, es decir, la primera semana completa de junio.

El rumbo de un eventual sistema dependerá estrictamente de su punto de origen exacto:

  • Origen en el centro o este del Golfo: tendría una trayectoria predominante hacia el noreste, apuntando directamente a la península de Florida.
  • Origen en el suroeste (Bahía de Campeche): lo más probable es que se mueva hacia el oeste, adentrándose en territorio continental de México.

Independientemente de si el sistema alcanza la categoría de tormenta tropical con nombre o no, la atmósfera apunta a un cambio radical de patrón: se anticipan semanas notablemente húmedas para Florida, lo que, por el lado positivo, contribuirá a mitigar los severos niveles de sequía que arrastra la región.

Riesgos inmediatos en costa y mar

Los meteorólogos enfatizan que no se necesita un huracán de gran intensidad para generar situaciones de peligro estructural o humano.

A partir de los próximos días se recomienda precaución debido a:

  • Chubascos intensos y repentinos: capaces de reducir la visibilidad y generar inundaciones urbanas repentinas.
  • Vientos racheados: riesgo de desprendimiento de objetos ligeros en zonas residenciales y oleaje peligroso para embarcaciones menores.
  • Corrientes de resaca: cambios bruscos en las playas desde el noroeste del Caribe hasta el Atlántico sudoccidental, poniendo en riesgo a bañistas.

Adicionalmente, el meteorólogo sénior Alan Reppert acotó que parte de la energía de este sistema podría interactuar con el litoral de Centroamérica y el sur de México.

Históricamente, la energía tiende a concentrarse en un solo lado de la masa continental (Atlántico o Pacífico), siendo sumamente inusual un desarrollo ciclónico simultáneo en ambas cuencas.

El factor de la sequía extrema: según el U.S. Drought Monitor, más del 60% de Florida ha iniciado el periodo estival bajo condiciones de sequía moderada a severa. Aunque las lluvias asociadas a este sistema aliviarán los suelos y disminuirán el riesgo de incendios forestales, un exceso de agua cayendo de forma súbita sobre terrenos extremadamente secos incrementa el peligro de inundaciones repentinas, debido a la incapacidad inicial del suelo reseco para absorber grandes volúmenes de agua.


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