Las evaluaciones epidemiológicas del Departamento de Bomberos de Nueva York (FDNY) confirman que 4.257 de sus integrantes han sido diagnosticados con cáncer desde el despliegue operativo en el complejo del World Trade Center tras los atentados del 11 de septiembre de 2001. Las cifras del personal expuesto muestran que aproximadamente un millar de estos funcionarios han desarrollado más de un tipo de tumor maligno, con casos recurrentes de cáncer de hígado y páncreas.
Balance de patologías y afectaciones de salud
Los registros del programa de monitoreo médico del organismo contabilizan a 12.161 miembros activos y retirados con al menos una patología vinculada a la dispersión de contaminantes en el Bajo Manhattan. El balance sanitario detalla 10.562 efectivos certificados con afecciones de salud física —principalmente insuficiencias respiratorias, apnea del sueño y lesiones en las vías aéreas superiores—, mientras que 4.496 funcionarios permanecen bajo tratamiento especializado por trastornos de salud mental y distrés postraumático.
Las evaluaciones del FDNY señalan que el colapso de las estructuras expuso a los equipos de emergencia a una mezcla de polvo denso, metales pesados, asbesto y productos químicos industriales. Pese a que las autoridades ambientales gubernamentales aseguraron en los días posteriores a la tragedia que las condiciones del aire y del agua potable eran seguras para las labores de remoción, el seguimiento clínico a largo plazo demostró el impacto directo de las partículas en el organismo del personal de socorro.
Mortalidad registrada y testimonios del cuerpo de rescate
Las estadísticas acumuladas por el departamento confirman que más de 600 miembros del FDNY han fallecido en el último cuarto de siglo a consecuencia de enfermedades crónicas atribuidas al desempeño de sus funciones en el sitio de los atentados. La cifra de decesos posteriores por patologías derivadas supera la cantidad de bomberos y paramédicos que perdieron la vida de forma inmediata durante el derrumbe de las torres.
Testimonios de sobrevivientes e instructores de la academia de bomberos describen que los equipos que acudieron a la emergencia inicial operaron en medio de nubes de escombros de alta densidad que dificultaban la respiración y la visibilidad. El trabajo en la losa principal incluyó la búsqueda de sobrevivientes, el traslado de heridos hacia centros hospitalarios de Nueva Jersey y la posterior recuperación de restos en morgues improvisadas, jornadas de asistencia que se extendieron durante meses y que derivaron en retiros médicos obligatorios e intervenciones quirúrgicas sucesivas.
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