El lado oscuro de esa otra taza de café: cómo el abuso de la cafeína impacta al organismo

Esa bebida que millones de personas aman en el mundo puede alterar el ritmo del cuerpo cuando, como todo exceso, se sobrepasa la dosis sugerida, comprometiendo desde el corazón hasta el descanso

Sabado, 29 de agosto de 2026 a las 11:55 pm
El lado oscuro de esa otra taza de café: cómo el abuso de la cafeína impacta al organismo
Foto cortesía Magnific

El aroma a café recién colado marca el inicio de lo que podría ser una jornada feliz. No en vano es la segunda bebida más consumida en el mundo, superada únicamente por el agua. Sin embargo, cuando derivado de intentos por sortear la ansiedad o por simple hábito se sobre pasa la cantidad saludable de ingesta, este negrito, guayoyo u oscuro, pasa a exigir una factura física considerable a diferentes sistemas del organismo.

A nivel cardiovascular, una dosis excesiva de cafeína actúa como un estimulante directo del sistema nervioso central, desencadenando aumentos repentinos en la presión arterial y palpitaciones, tal como lo advierte la Clínica Mayo. En el aparato digestivo, la acidez natural de la bebida, sumada a su capacidad para relajar el esfínter esofágico inferior, facilita el reflujo gástrico y la irritación de la mucosa estomacal. Asimismo, el sistema renal incrementa la excreción de fluidos por su efecto diurético, lo que aumenta la necesidad de orinar y, en grandes cantidades combinadas con poca agua, puede propiciar deshidratación y favorecer la eliminación de calcio. El cerebro también recibe este impacto pues los receptores del cansancio se bloquean, estimulando en exceso al sistema nervioso, que responde generando estados de ansiedad, nerviosismo e insomnio.

Foto cortesía Magnific

Alternativas y estrategias para moderar la ingesta

La mente tampoco escapa a este sobreestímulo. El consumo desmedido altera el equilibrio del sueño, bloqueando los receptores de adenosina en el cerebro y propiciando episodios de ansiedad, temblores e insomnio persistente, según destaca la Universidad de Harvard. Afortunadamente, moderar la dosis no implica renunciar a la pausa ni al ritual del día.

Sustituir gradualmente las últimas tazas de la tarde por infusiones herbales como la manzanilla, la menta o el té verde -este último con un aporte más moderado y pausado de teína-, permite reducir la dependencia sin sobresaltos. Incorporar agua entre cada café ayuda a mitigar la deshidratación y a evaluar si la fatiga responde a la falta de descanso o simplemente a la sed. La clave radica en devolverle a la bebida su lugar como un placer puntual, evitando que se convierta en la muleta invisible que sostiene el cansancio diario.

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