El dinamismo del entorno corporativo actual exige un rendimiento óptimo de las facultades cognitivas. No obstante, descuidar los procesos de recuperación biológica bajo la premisa de incrementar la producción representa un error estratégico que debilita las bases del éxito profesional duradero.
Limpiar la mente de tensiones diarias es tan necesario como pasar un paño de cocina sobre una superficie saturada; sin esa pausa para ordenar y restablecer el equilibrio interno, el rendimiento general decae inevitablemente.
El mito de las cinco de la mañana
En una entrevista, Alfredo Rodríguez, catedrático de Psicología especializado en sueño y bienestar laboral, desmitificó las narrativas empresariales que glorifican la privación del descanso. El autor del libro Dormir para vivir sostiene que la tendencia de despertarse a las cinco de la mañana para ganarle horas al día carece de sentido biológico.
Para el especialista, esta práctica constituye una paradoja productiva equivalente a "vender el coche para comprar gasolina", dado que el aparente control inicial destruye el combustible neurobiológico necesario para funcionar de manera eficiente a largo plazo.
Rodríguez enfatizó que un mal descanso deteriora directamente la capacidad de liderazgo, alterando la toma de decisiones y la regulación emocional. Un directivo fatigado tiende a malinterpretar los estímulos sociales ambiguos y muestra una menor sensibilidad hacia su equipo.
Para revertir esta alarmante normalización del cansancio dentro de las organizaciones, el psicólogo recomienda a los líderes implementar horarios estables, rechazar la hiperdisponibilidad digital y fomentar una cultura corporativa que valore la desconexión gradual.
El experto advirtió que las horas perdidas no se recuperan el fin de semana, recordando que el sueño no es una interrupción de la jornada, sino la condición biológica indispensable para tener una buena vida.
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