El público infantil y juvenil de Venezuela ha adoptado progresivamente la celebración de Halloween o Noche de Brujas desde comienzos de la década de 1990, por la influencia de la industria del cine de Hollywood y el impulso de la masificación de la televisión por cable, convirtiendo esta costumbre de origen celta en una fecha de impacto comercial y de esparcimiento que hoy convive de forma compleja con las tradiciones locales.
El proceso de adopción de esta tradición en el país no ocurrió de la noche a la mañana, sino que fue el resultado de décadas de saturación mediática y comercial. Durante las décadas de 1970 y 1980, la influencia de la industria cinematográfica de Hollywood introdujo en el imaginario colectivo venezolano las primeras nociones de la festividad a través de películas de terror como El Exorcista y Viernes 13. Sin embargo, historiadores y sociólogos explican que el fenómeno forma parte de la transculturización y asimilación cultural producto de la globalización de los años noventa.
Cadenas de televisión como Cartoon Network, Nickelodeon y Disney Channel transmitían episodios especiales dedicados a Halloween, lo cual logró que las nuevas generaciones adoptaran el concepto de pedir dulces, "dulce o truco", y disfrazarse como algo natural y atractivo.
A finales del siglo XX, en ciudades como Caracas, Maracaibo, Valencia y Barquisimeto, el evento se convirtió en una oportunidad económica relevante para el comercio minorista, extendiéndose desde la venta de disfraces y máscaras hasta la confitería y la vida nocturna en clubes y restaurantes.
Asimismo, los expertos hacen mención a cómo la Noche de Brujas desplazó la exclusividad de festividades tradicionales como el Día de todos los Santos, celebrado el 1 de noviembre, o el Día de los Fieles Difuntos, conmemorado el 2 de noviembre. Para algunos analistas, el fenómeno representa un ejemplo de la aculturación en el que los patrones de consumo global terminan imponiéndose sobre el legado folclórico local.
En la Venezuela contemporánea, el Halloween ha perdido gran parte de su connotación mística o anglosajona original para convertirse, simplemente, en un espacio lúdico y de esparcimiento familiar. Asimismo, la permanecia de esta festividad en el imaginario colectivo demuestra la permeabilidad de la sociedad ante las corrientes culturales globales.
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