El futbolista español Marc Cucurella capta la atención del público no solo por su desempeño en el terreno de juego, sino también por una característica física: su larga y abundante cabellera suelta durante los 90 minutos de partido. Detrás de este estilo característico existe una razón familiar profunda.
El defensor mantiene su cabello largo y libre para que su pequeño hijo, quien tiene trastorno del espectro autista, lo identifique con facilidad desde la grada o a través de la televisión. En estadios llenos de espectadores y entre decenas de futbolistas con uniformes similares, la melena rizada de Cucurella se transforma en un faro visual inmediato para el niño.
Por su parte, el jugador prioriza el bienestar de su familia en cada decisión de su vida profesional y personal. Antes de firmar cualquier contrato o evaluar un traspaso a otro equipo, el deportista verifica los servicios de atención médica, terapias y escuelas especializadas que la ciudad ofrece para la condición de su hijo. Incluso en sus celebraciones tras anotar un gol, Cucurella realiza el gesto del pingüino, un animal que simboliza la unión y la lealtad familiar.
Marc Cucurella
Esta acción demuestra que, para el futbolista, la máxima prioridad está en casa. Con este pequeño detalle en cada encuentro, Marc Cucurella demuestra que el amor de un padre supera cualquier táctica o logro deportivo dentro del fútbol profesional.
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