jueves, febrero 25, 2021

Irán mira con recelo la llegada de Biden en un momento de crisis

EFE

Aunque Irán y Estados Unidos han vivido en un permanente conflicto desde hace cuatro décadas, el mandato de Donald Trump ha sido especialmente duro: sanciones, amenazas e incluso ataques. ¿Cambiará la situación con el demócrata Joe Biden?

Esa pregunta está muy presente estos días en la República Islámica. La llegada de Biden a la Casa Blanca ofrece una chispa de esperanza, pero la desconfianza hacia las medidas que adoptará a partir de ahora EEUU es elevada. Teherán prefiere esperar a los hechos, no se conforma con las palabras.

Más en un momento de incertidumbre tras el asesinato del eminente científico nuclear iraní Mohsen Farijzadeh, del que Teherán ha acusado a Tel Aviv. Una eventual represalia contra Israel puede enterrar cualquier opción de distensión por parte de la futura Administración estadounidense.

El divorcio entre ambos países, aliados durante la época del último shá, Mohamad Reza Pahlaví, se produjo con el triunfo de la Revolución Islámica en 1979 y la posterior toma de la Embajada estadounidense en Teherán y de sus diplomáticos como rehenes.

EEUU rompió en 1980 relaciones con Irán y esos lazos no se han restablecido.

EL «GRAN SATÁN»

La retórica antiestadounidense del régimen de los ayatolás es constante. «Muerte a EEUU» es el lema que resuena en las calles del país cada vez que se conmemora alguna efeméride o en el Parlamento, como cuando el pasado día 1 se votó impulsar el programa nuclear.

No se dulcificó tras la firma del acuerdo nuclear de 2015 entre Irán y seis grandes potencias, conocido como JCPOA en sus siglas en inglés, y tampoco ahora. Para Teherán, EEUU es el «gran satán» y la «arrogancia mundial».

«No importa quién gane las elecciones estadounidenses, no afectará a nuestra política hacia EEUU (…) calculada y clara», aseguró el líder supremo iraní, Alí Jameneí, el pasado 3 de noviembre, coincidiendo con los comicios.

Toda una declaración de intenciones en la que insistió recientemente, urgiendo a «neutralizar» las sanciones impuestas por EEUU porque no se puede confiar en que Biden vaya a levantarlas. El recelo es evidente debido al incumplimiento de Washington durante los últimos cuatro años de los tratados internacionales.

El JCPOA se encuentra muy debilitado desde la retirada unilateral del mismo de EEUU en 2018, a la que Irán respondió un año después dejando de cumplir la mayoría de sus compromisos del acuerdo, entre ellos los límites de enriquecimiento y almacenamiento de uranio.

En opinión del analista político y profesor de Derecho Internacional de la Universidad de Teherán Yusef Moulaí, los demócratas estadounidenses tienen «la voluntad política» de regresar al acuerdo nuclear pero «los problemas no se resolverán de modo tan simple o en el corto plazo».

«La intensificación de las sanciones y el muro de desconfianza entre Irán y EEUU han creado nuevas demandas y dificultades que provocarán que Biden no pueda gestionar fácilmente el regreso al JCPOA», explicó a Efe el experto, quien también apuntó que dentro de Irán existe cierta oposición al acuerdo.

IRÁN: RECHAZO A NUEVAS NEGOCIACIONES

El líder supremo iraní, que tiene la última palabra en las decisiones importantes del país, ha rechazado en numerosas ocasiones entablar negociaciones de nuevo con EEUU: «Ni guerra ni negociaciones», es su mantra.

Desde el Gobierno del moderado Hasan Rohaní, se han mostrado más ambiguos. El presidente ha insistido en que EEUU puede regresar al acuerdo nuclear y a la mesa de negociaciones si levanta las sanciones a Irán y compensa los daños causados.

Aunque Biden es favorable a regresar al pacto, ya advirtió recientemente de que va a entablar negociaciones con sus aliados «para endurecer y alargar las limitaciones nucleares de Irán, así como abordar el programa de misiles».

El fin de algunas de las limitaciones al programa nuclear iraní en los próximos años, así como el programa de misiles balísticos iraní y su influencia regional, fueron algunos de los puntos destacados por Trump para abandonar el JCPOA.

Según el catedrático de la Universidad de Teherán, los conflictos de Oriente Medio, la influencia iraní en Siria, Líbano o Yemen, y el temor de sus aliados -Israel y Araba Saudí- a los misiles balísticos de Irán «son asuntos de algún modo conectados que y EEUU no puede aislar del expediente nuclear».

«Es posible que se empiece con el expediente nuclear que es urgente, pero, en caso de que los diálogos avancen, seguro llegarán a los otros temas», señaló Moulaí, quien considera que Washington está «muy interesado» en superar el conflicto nuclear para abordar el resto de asuntos en disputa.

Unos temas que para Irán son líneas rojas infranqueables. El ministro de Exteriores, Mohamad Yavad Zarif, afirmó a principios de mes que el acuerdo nuclear «nunca será renegociado» y que EEUU «no está en posición de establecer condiciones».

LA «MANO DURA» DE LOS CONSERVADORES

En este momento de la partida, cada vez importa menos la posición del Gobierno de Rohaní. El presidente no se puede volver a presentar a la reelección y se espera que en los comicios del próximo junio arrasen los conservadores.

Los llamados principalistas siempre han sido más reacios a un buen entendimiento con Occidente y, en especial, con EEUU, por lo que su eventual victoria hará que probablemente Irán se enroque más en sus posiciones, dificultando cualquier acercamiento de Biden.

Este mes quedó patente su postura en el Parlamento, que los conservadores dominan desde el pasado febrero. Los diputados aprobaron una ley, a la que el Consejo de Guardianes ya ha dado el visto bueno, para incumplir aun más el JCPOA.

El plan implica producir y almacenar uranio enriquecido al 20 por ciento, muy por encima del 3,67 por ciento de pureza que permite el pacto nuclear, y usar más centrifugadoras avanzadas, prohibidas en el acuerdo.

También estipula que si los otros signatarios (Rusia, China, Francia, el Reino Unido y Alemania) no logran eliminar las trabas a las relaciones bancarias con Irán y a la exportación de petróleo iraní, en dos meses el Gobierno debe detener las inspecciones del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).

Este movimiento pone una mayor presión sobre EEUU para hallar una solución al contencioso nuclear y dificulta la diplomacia, como ha señalado el Gobierno de Rohaní, que ha expresado su rechazo a la medida.

IRÁN: LAS VENGANZAS PROMETIDAS

El Parlamento sacó adelante esta ley pocos días después del asesinato de Fajrizadeh, quien Occidente e Israel sospechan dirigió en el pasado el programa secreto iraní para desarrollar armas nucleares, que Teherán niega que existiera.

Irán ha atribuido el ataque a Israel y ha clamado venganza. El pasado 28 de noviembre, Jameneí ordenó «la investigación de este crimen y el castigo definitivo» de sus autores materiales e intelectuales.

Para el analista iraní Moulaí, «seguro habrá alguna reacción» pero esta «no será emocional sino exacta, medida y adecuada» para evitar grandes riesgos.

También sigue supuestamente pendiente la respuesta definitiva al asesinato del poderoso general de la Guardia Revolucionaria Qasem Soleimaní, abatido en un bombardeo selectivo estadounidense el pasado enero cerca de Bagdad.

Aunque una semana después la Guardia Revolucionaria atacó con misiles una base militar en Irak con presencia de tropas estadounidenses, las autoridades persas han advertido de que ese fue solo el inicio de su venganza.

La muerte de Soleimaní supuso un duro golpe para Irán ya que el general, como comandante de la Fuerza Quds, era el encargado de las operaciones en el extranjero y de gestionar a las milicias aliadas como la libanesa Hizbulá o la iraquí Multitud Popular.

Ni a Irán ni a la futura Administración de Biden les interesa entrar en un conflicto, pero hay tantos temas pendientes sobre el tablero que será complicado reconducir la situación y rebajar las tensiones y la desconfianza mutua. 

2020-12-16

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