Cardenal Porras: El diálogo debe atender los problemas reales del venezolano

"Tenemos que hacer las cosas en equipo y ver qué es lo que nos une. Indudablemente que todos somos distintos y podemos tener necesidades distintas, pero qué es lo que nos une en función del bien común", asegura el alto prelado católico

Domingo, 20 de septiembre de 2026 a las 08:00 pm

Baltazar Enrique Porras Cardozo (Caracas, 1944) no ha limitado su vida como sacerdote católico a estar dentro de las paredes de los templos. Todo lo contrario, el hoy Cardenal es conocido por su consecuente beligerancia ante a los graves problemas del país en las últimas tres décadas. Esa actitud lo ha mantenido no pocas veces en el centro de la polémica cuando sus opiniones afectan intereses sensibles de algún sector con poder, sea del color que sea.

El año 2026 no es la excepción. Venezuela “madrugó” el 3 de enero con la captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos y se instaló un gobierno interino liderado por Delcy Rodríguez. Los meses subsiguientes no han sido precisamente un tránsito sobre una alfombra de rosas, sino la vertiginosa escalada en terrenos peligrosos. Luego la naturaleza agravó el panorama con dos pavorosos terremotos. La sociedad despierta golpe tras golpe.

En medio de lo que se perfila como un aciago panorama, se erige una vez más la figura del diálogo entre chavismo y oposición. El noveno intento para encontrar una solución pacífica a los conflictos que azotan a millones de seres humanos. De nuevo Jorge Rodríguez, hermano de la presidenta encargada, lidera la bancada roja y Dinorah Figuera, en nombre de la llamada AN 2015, lleva las riendas del bando opositor en estas negociaciones.

Magistrados del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), rectores del Consejo Nacional Electoral (CNE), levantamiento de sanciones, acceso a recursos bloqueados en el exterior y presos políticos, entre otros asuntos, están en la agenda de estas reuniones. Sin embargo, el otrora arzobispo de Caracas llama la atención sobre lo que debería ser prioritario en este instante tan delicado.

 “Se habla de muchas cosas, de muchos temas que indudablemente son importantes. Que si el petróleo, que si los contratos de esto y más allá, el nombramiento de magistrados del TSJ. Pero, ¿cuáles son las necesidades de la gente? Los que están pues en la cárcel que es lo primero que hay que ver. Seguimos con presos políticos, con una serie de leyes que no permiten ni siquiera que se opine, como la ley del odio. No hay libre expresión, ¿cómo se puede decir que se vive pues en democracia? ¿Cómo se puede expresar?”, reclama Porras.

El Cardenal explica que el objetivo no es estar en contra de todo, sino señalar lo que son las angustias de la gente en la calle, para que la gente reciba señales serias de que se ocupan de ellos y no solo de los llamados problemas macro. Los ciudadanos, asegura el prelado, quieren verle “el queso a la tostada”, como se dice en buen criollo. Por ello llama la atención sobre los anuncios de contratos de millones y millones de dólares, que dan la sensación del ingreso de mucho dinero al país, mientras se registran altos índices de pobreza, inflación, devaluación y pérdida del poder adquisitivo. ¿Hacia dónde van esos recursos?                                                           

“¿Y cómo queremos que la gente tenga credibilidad y confianza cuando se dicen unas cosas, como que el 99 % de los alumnos están asistiendo a clases o que los maestros están cobrando más de 500 dólares cada uno?”, cuestiona el líder religioso.

Baltazar Porras sentencia que ejemplos como el anterior no ayudan en lo absoluto. Afirma que la crítica no sol es hacia los representantes del régimen, sino para todos los protagonistas de esta nueva experiencia del diálogo. Insiste que deben vincularse con las penurias verdaderas de la población. Critica también esas representaciones itinerantes, que están en el país por unos días, no se compenetran con la gente y se devuelven al exterior hasta los próximos encuentros del diálogo.

 El prelado señala que estas reflexiones las hace por el bien de Venezuela, por su preocupación por los sectores más vulnerables y afectados por la crisis.

EL DRAMA DE LA DESINFORMACIÓN

Durante LA CONVERSA 2001, junto a Erys Wilfredo Alvarado y Juan Ernesto Páez-Pumar, el Cardenal Baltazar Porras puso la lupa sobre un problema que considera grave en el complicado momento que vive Venezuela: la desinformación. Entre opacidad oficial, censura y una avalancha de datos sin verificación que circulan vía redes sociales, se le hace muy difícil al ciudadano común tener una aproximación precisa hacia la realidad nacional. Más allá de recurrir a los sacerdotes y obispos para que hagan llegar un mensaje a los políticos, la gente quiere ser escuchada.

“Pensemos que, por ejemplo, la mayor solicitud que tenemos de medicamentos en estos momentos son antidepresivos.  Creo que eso es expresión de la angustia que viven los venezolanos porque no saben a quién creerle, debido a esa desinformación”, describe el Cardenal.

Por ello reclama transparencia para vivir en un país en el que predomine la verdad. Exige que el derecho a opinar ya no sea un delito, por lo cual es necesario, a su criterio, que se deroguen leyes como la ley contra el odio y muchos otros controles punitivos, que son un verdadero entramado para el control y la persecución. Estima que este contexto no contribuye a la creación de una sociedad con justicia e igualdad, sino todo lo contrario.

Frente a toda esta dramática situación, ¿el Vaticano, el Papa y la Iglesia universal están en cuenta de ello? Esta pregunta surge ante las dudas frente a una versión edulcorada que podría circular alrededor del planeta en torno a la realidad venezolana. Sin embargo, el Cardenal Porras aclara que existen canales permanentes con la Nunciatura Apostólica y la Conferencia Episcopal. Hay contactos directos con León XIV, en el consistorio en Roma y con el también Cardenal Pietro Parolin, muy conocedor del país y actual secretario de Estado de la Santa Sede. Las preocupaciones sobre los problemas del país también han sido elevadas a instancias del gobierno de Washington. Todos estos interlocutores aseguran que desean el bien de Venezuela, sin tomar partido por banderas políticas, pues el único objetivo es el beneficio de la gente, de los verdaderamente afectados.

“También hemos tenido contactos con la Conferencia Episcopal de EEUU, institución con la cual mantenemos comunicación permanente. Ellos nos piden información, no solo de la situación de Venezuela, sino de América Latina en general. Pensemos en los cubanos, los nicaragüenses… es lo que está pasando en México y en fin, todas estas son situaciones que no podemos olvidarlas ni estar ajenos a ellos y que esto se vea con las muchas facetas que tienen pues estas realidades y que tal como se dice, la mejor imagen es el poliedro, aquí no se trata de un círculo en el que hay, no, en el centro hay que poner a al pobre, hay que poner a la gente que no tiene voz, hay que poner a la población en general que es la que la que sufre, puede ser los males en una sociedad”, reclama Porras Cardozo.

En cuanto al resto del mundo, el Cardenal estima que muchos acontecimientos graves, como la permanente tensión en el Medio Oriente o la guerra entre Rusia y Ucrania, por ejemplo, pueden opacar o colocar en segundo planto los problemas de Venezuela y Latinoamérica en general. Por ello asegura que es una labor de perseverancia, de “cacarear” constantemente estas y otras situaciones; que no pasen al olvido, que no se vuelvan “parte del paisaje”, como se dice de forma coloquial.

  Sin embargo, valora como un alivio esa relación antes descrita con una serie de cardenales, obispos y otras instancias de la Iglesia católica diseminadas por varias latitudes. Es un vínculo permanente que permite un intercambio que nunca se detiene y resulta entonces una labor gratificante. Por ello destacada la importancia del CELAM, el Consejo Episcopal Latinoamericano, creado en 1956, con siete décadas de vigencia, cosa que no muchas instituciones pueden exhibir. En el CELAM se conoce todo lo que pasa en Colombia, Ecuador, Perú, México, Chile… y, claro está, en Venezuela.

 “Lo importante es que ellos sepan lo que nos pasa, porque, indudablemente, ello nos enriquece a todos y nos da luces porque hay que saber escuchar. Es positivo recibir la experiencia que también en estos países han tenido antes que nosotros en situación como la que estamos viviendo hoy”, asegura.

 NO SE VA SOLO NI AL CIELO NI AL INFIERNO

En su mensaje final a los venezolanos durante su participación en LA CONVERSA 2001, el Cardenal Porras llamó a todos a luchar contra la desinformación para procurar un discernimiento correcto de la realidad. Se pueden presentar muchos espejismos, un supuesto oro que brilla, pero no es oro. Remarca esa preocupación que puede generar tantos males en los venezolanos del momento actual.

“También quiero agregar que solo no se va a ninguna parte, ni al cielo ni al infierno. Tenemos que hacer las cosas en equipo y ver qué es lo que nos une. Indudablemente que todos somos distintos y podemos tener necesidades distintas, pero qué es lo que nos une en función del bien común. Y eso es lo que nos puede ayudar e indudablemente como creyentes pues lo que significa el llenar nuestro espíritu la oración el Papa León XIV que en estos días ha tenido una serie de reuniones bien interesantes lo que dice: ‘Mire, las dificultades que existen en el mundo no es para decir que no podemos hacer nada’”, sentencia el prelado.

Porras llama a asumir los retos, no evadir las responsabilidades o paralizarse ante los obstáculos. Hace un símil con la fiesta brava y recomienda asumir el rol del buen torero, que se para firme delante del toro y encararlo.

“Hay que palpar las necesidades reales y tener ese auténtico sentido de esperanza, que no es simplemente estar de brazos cruzados a ver si esto viene. No, la esperanza se construye y la construimos como se construye en el hogar, pues tengo la esperanza de que mis hijos sean mejores. La esperanza no es solo ‘esperar’, pasivos, sino actuar también”, aclara.

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