En el mundo de la cosmética, la búsqueda del equilibrio entre la durabilidad y la naturalidad ha sido siempre el objetivo principal. Muchas personas se enfrentan diariamente al dilema de elegir entre un maquillaje que desaparece a las pocas horas o uno que, por su alta cobertura, termina por cuartearse o marcar las líneas de expresión.
Sin embargo, las nuevas tendencias se alejan de las capas pesadas para centrarse en el efecto "segunda piel", una estética que prioriza la jugosidad y la salud del rostro por encima del camuflaje total.
Pasos sencillos para una piel de porcelana
La clave de este éxito reside en la denominada técnica "sándwich", un método de aplicación por capas que ha ganado popularidad gracias a recomendaciones de expertas como Mónica Martínez.
A diferencia de las rutinas tradicionales donde se aplica una gran cantidad de producto de una sola vez, este sistema propone una estructura estratégica para garantizar que el cosmético se funda realmente con el cutis.
El proceso comienza con una preparación exhaustiva de la piel. No se puede construir un buen maquillaje sobre una base seca o descuidada; por ello, la hidratación profunda es el primer paso innegociable. Una vez que el rostro está listo, se aplica un primer o prebase. Este producto actúa como el primer "pan" del sándwich, unificando la textura y permitiendo que lo que venga después se adhiera con mayor facilidad.
Posteriormente, se incorpora la base de maquillaje, preferiblemente de texturas ligeras o en crema. El truco aquí es aplicarla a pequeños toques con una brocha, evitando arrastrar el producto para no levantar la capa anterior.
Para sellar este conjunto sin eliminar el brillo natural (el famoso glow), se utiliza la técnica del sándwich propiamente dicha: se aplica una fina capa de polvos traslúcidos que "atrapan" la base, y si es necesario, se refuerza con una segunda aplicación muy sutil.
Finalmente, el uso de correctores en puntos estratégicos, como la zona de las ojeras en forma de "V", aporta un efecto de levantamiento inmediato. Gracias a este orden y a la elección de texturas fluidas, el maquillaje no solo permanece intacto durante toda la jornada, sino que ofrece un aspecto joven, descansado y, sobre todo, muy real.
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