La historia de Mano Amiga en Venezuela comenzó hace más de tres décadas, cuando un grupo de voluntarios realizó misiones de Semana Santa en Mariches, en el estado Miranda. Durante esa experiencia, identificaron necesidades urgentes relacionadas con la escolarización y las condiciones de vida de las familias.
Como recuerda Ludiana Altuve, directora de Recaudación de la organización, esta labor empezó hace más de 30 años. “Se detectó la necesidad de escolarización y la pobreza que había en la zona. Ese diagnóstico inicial impulsó la creación de Mano Amiga en el país, siguiendo un modelo que ya existía en México y otros lugares”, comenta.
10 años después, nuevas misiones llevaron al equipo a Turgua. Allí encontraron un contexto aún más complejo. Altuve explica: “Se evidenció también más pobreza y muchísimas carencias de servicios básicos y una gran falta de escolaridad por parte de los niños que formaban parte de la comunidad”. Esa realidad motivó la apertura del segundo centro educativo, ampliando el alcance de la organización hacia otra población con necesidades significativas.
La filosofía de Mano Amiga se sostiene sobre un principio central: dignificar a la persona. Según Altuve, esta es una idea que se traduce en acciones dentro y fuera del aula. La infraestructura de los colegios busca ofrecer espacios adecuados, y el trabajo no se limita a los estudiantes: también incluye a las familias y a su entorno. La directora señala que trabajan en valores y virtudes, lo que abarca un todo.
El modelo educativo se apoya en un “trípode”: alumnos, familias y comunidad. Altuve lo resume así: “Si alguna de esas patas falla, el proyecto no funciona. Por eso, además de la formación académica, se desarrollan talleres para padres, acompañamiento personalizado y actividades que fortalecen la vida comunitaria”.
La organización define su método como un trabajo “de persona a persona”, lo que permite identificar necesidades y potencialidades de cada familia. “El trabajo Mano Amiga es muy personalizado. Sabemos muy bien cuáles son las fallas, pero también esas virtudes que puede tener cada familia”, afirma.
Masificar sus potencialidades
Uno de los avances recientes ha sido la incorporación de tecnología y robótica en ambos colegios, gracias a una alianza con Kurios y Cashea. Para muchos estudiantes, especialmente en Turgua, el acceso a dispositivos electrónicos es limitado. Altuve explica que los niños no tienen acceso de manera rápida y sencilla a equipos electrónicos y que en muchos casos es inexistente. Los nuevos laboratorios permiten que los alumnos aprendan computación y conceptos básicos de robótica, lo que amplía sus posibilidades académicas y profesionales.
Este acceso ha impulsado proyectos destacados, como una plataforma diseñada por estudiantes para apoyar a niños con autismo. “La han probado en diferentes fundaciones y les ha encantado porque es muy amena, muy dinámica”, resalta Altuve. Estas experiencias han despertado interés en carreras tecnológicas: ahora quieren estudiar tecnología, robótica, sistemas y carreras que antes no conocían.
Cómo apoyar el proyecto
El sostenimiento de Mano Amiga depende en gran medida de becas aportadas por particulares y empresas. Cada una tiene un costo anual de 360 dólares, equivalente a un dólar diario por estudiante. Altuve explica que quienes deseen apoyarlos pueden hacerlo a través de la página web manoamigavenezuela.org o del Instagram @manoamigave. Estas becas cubren la formación académica, el pago de docentes y el mantenimiento de la infraestructura. Es decir, el sostenimiento de los colegios y todo lo que implica el proyecto.
Además, la organización realiza eventos de recaudación durante el año. Uno de los más importantes es la cena de gala, que este 2026 se celebrará el 30 de junio. Altuve detalla que el costo por persona es de 75 dólares e incluye una cena completa y bebidas. Para muchos asistentes, el atractivo está en que con ese aporte apadrinan a un niño o niña de Mano Amiga. La actividad tiene capacidad para 200 personas y ya está por completarse el aforo.
Otros eventos incluyen torneos de golf, pádel, tenis y actividades como bingos o canastones. Estas iniciativas permiten diversificar las fuentes de financiamiento y mantener activos los programas educativos.
La educación como vehículo transformador
El impacto de la educación en los estudiantes es uno de los aspectos que más destaca Altuve. Recuerda que muchos niños llegan con expectativas limitadas sobre su futuro. “La mayoría te contesta que quiere ser obrero, taxista, policía o bombero. Con el tiempo, gracias a ferias de profesiones y acompañamiento, esas aspiraciones se amplían. Por eso hablamos de transformar vidas”, comenta.
Ese cambio también alcanza a las familias, que empiezan a visualizar nuevas metas. Altuve lo resume así: “Ya ellos hablan de que quieren vivir en un apartamento, que quieren salir adelante, que quieren viajar”.
Al mirar hacia atrás, describe el recorrido de Mano Amiga como un proceso de cambio profundo. Recuerda que los primeros niños que conoció en Turgua estaban sin zapatos, con precariedades en la higiene personal y sin escolaridad. Hoy muchos de ellos son adultos formados, con proyectos propios y nuevas oportunidades. Para ella, esa es la prueba del valor de la educación: “Estoy convencida de que en la educación está la solución a todos los problemas que tenemos”.
Mano Amiga continúa trabajando con la misma premisa que la vio nacer: acompañar a niños, jóvenes y familias en su desarrollo, con la convicción de que la educación puede mejorar vidas y abrir posibilidades reales para las comunidades donde están presentes.
Por Wanda López Agostini
Fotos Cortesía
Coordenadas @manoamigave
Visita nuestra sección Variedades
Mantente informado en nuestros canales de WhatsApp, Telegram y YouTube