Trabajar para vivir, no vivir para trabajar: experta revela el nuevo paradigma de la crianza

La riqueza familiar no reside en la acumulación de bienes, sino en la disponibilidad horaria de padres para fortalecer emociones

Lunes, 23 de marzo de 2026 a las 11:00 am
Trabajar para vivir, no vivir para trabajar: experta revela el nuevo paradigma de la crianza
Foto: Freepik

En un mundo donde el éxito suele medirse por el escalafón laboral y las cifras en la cuenta bancaria, surge una voz que invita a detenerse y mirar hacia el interior del hogar. La conciliación familiar ha dejado de ser una simple aspiración logística para convertirse en una necesidad emocional urgente.

Según las tendencias actuales en psicología infantil, el tiempo de calidad ya no es suficiente si no va acompañado de una presencia física constante, planteando un desafío directo a las estructuras de trabajo tradicionales que priorizan la productividad sobre el bienestar de las nuevas generaciones.

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Ganar más para estar más presente

La experta Erica Komisar ha puesto sobre la mesa una reflexión que rompe con los esquemas habituales: el objetivo financiero debe estar al servicio de la libertad horaria. En una reciente intervención, la especialista señaló que la meta ideal sería alcanzar un modelo laboral que permita generar los ingresos necesarios en el menor tiempo posible.

La lógica es sencilla pero contundente: si los padres no ocupan el espacio físico y emocional en la vida de sus hijos, ese vacío será inevitablemente llenado por la tecnología y las pantallas.

Komisar sostiene que los hijos "pertenecen" a sus padres al final del día y durante los fines de semana, subrayando que la presencia del cuidador es irreemplazable. La propuesta no es dejar de trabajar, sino buscar la eficiencia máxima para evitar que el cansancio o la ausencia prolongada deterioren el vínculo primario.

La psicóloga advierte que los niños necesitan interacción humana básica, lectura y juego para un desarrollo saludable. Al final, la estrategia que propone consiste en reorganizar las prioridades: ver el dinero no como un fin para comprar objetos, sino como una herramienta para comprar tiempo. Esta visión invita a las familias a ser arquitectos de su propio horario, entendiendo que el mayor lujo que se le puede ofrecer a un niño es, sencillamente, estar allí cuando más lo necesita.

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