Gestionar la cultura en tiempos de incertidumbre es un acto de fe. Por lo que en estos tiempos, el teatro se convierte en un refugio. Conversamos con Juan Carlos Duque, cuya trayectoria ha combinado la dramaturgia, la radio y la televisión. Bajo su gestión, la cultura ha roto fronteras. Ha impulsado diplomados de formación en artes escénicas y alianzas estratégicas en el interior del país. Promoviendo el intercambio artístico mucho más allá de los límites de Caracas. Duque asumió la presidencia del Centro Cultural Chacao con una meta clara: innovar y promover el desarrollo. En momentos donde el entorno desafía cada función, él lidera la reactivación y el compromiso comunitario. Hoy conversamos con un visionario que no solo administra espacios, sino que proyecta la cultura que tanto necesitamos.
Z3D: Después de vivir ocho años en Miami y trabajar en grandes cadenas como Telemundo, regresas a Venezuela y asumes las riendas del Centro Cultural Chacao. Más allá del reto profesional, ¿por qué decidiste seguir apostando por el ámbito cultural del país?
JD: Mi país es mi casa, es mi hogar, mi familia está aquí. Es el único lugar del mundo al que pertenezco, en el que puedo ser yo. Y parte de mi deber como inmigrante era traer de vuelta mis vivencias y conocimientos. La cultura promueve el desarrollo, salva civilizaciones y Venezuela necesita tanto de ella. Hoy en día nuestra nación es un terreno fértil en el que hay mucho por hacer, nuevas generaciones por formar, sería egoísta no apoyarlos.
Z3D: Es muy notable la reinvención del Centro Cultural. ¿De qué forma se logra conectar con un público caraqueño actual que es tan distinto al de hace una década?
JC: Es un trabajo del día a día, de escuchar al público, una constante investigación de mercado. Dejamos de funcionar como un espacio dirigido a un nicho específico o a una élite. Quizás eso genera recelos en algunos sectores más conservadores, pero lo que no pueden negar es que le hemos dado oportunidades a todos los géneros y estilos. En comparación con hace diez o veinte años atrás, el público venezolano ha cambiado, y los referentes también. La población venezolana se redujo en más de ocho millones y por ende, el público también ha mermado. Anteriormente, una obra de teatro podía mantenerse uno, dos y hasta tres años en cartelera. Hoy en día son pocas las que aguantan temporadas largas. Sin embargo, existe una gran cantidad de nuevas producciones que nos ayudan a mantener un público cautivo en las salas, respondiendo a una oferta que se renueva semana a semana.
Z3D: Tras eventos tan movilizadores como los que ha vivido el país, los espacios culturales cobran un nuevo significado. Desde la dirección del Centro Cultural Chacao, ¿cómo ve el rol del teatro como un espacio de refugio en los meses por venir?
JD: Literalmente, la palabra que define los espacios culturales en este momento es “refugio”. Y para eso los teatros deben ofrecerle al público seguridad, tanto de infraestructura como de apoyo empático. Que sea un sitio donde puedas ir a desconectar, lo que no significa que te vas a desentender de la realidad del país. La idea es que por una hora o dos puedas disfrutar de la magia de un buen espectáculo, que te haga sonreír, te recargue de energías y de esperanza para seguir trabajando por el país y ayudando a los que lo necesitan. Estos espacios de entretenimiento también son esenciales para generar fondos de apoyo a diferentes fundaciones que atienden a los afectados por los sismos. En lo consecuente, vamos a ver muchos eventos benéficos en los próximos meses.
Z3D: Como dramaturgo y productor, ¿cómo influye esa mirada de creador a la hora de sentarte a dirigir y tomar decisiones?
JD: Siempre el productor va a influir en el dramaturgo, se convierte en algo instintivo. Es difícil desconectar la mente productora del texto. Siempre estás escribiendo sobre la base de que la historia sea factible, de que se pueda llevar a la escena.
Z3D: ¿Cuál es tu definición personal del teatro?
JD: Para mí el teatro es vocación, es estilo de vida, es una energía que está presente en todas las áreas de mi desarrollo personal y profesional, a saber: La dramaturgia, la gerencia, la dirección, la producción, así como en cada conversación con mis amigos y hasta en el algoritmo de mi teléfono celular. Hoy en día mi vida es muy teatral.
Z3D: ¿Hay alguna anécdota que te haya conmovido y permitido ratificar que el lenguaje del teatro rompe cualquier frontera?
JD: Más que una anécdota me conmueve cuando se da una similar respuesta en públicos muy distintos, sobre todo cuando tocas temas universales como “la salud mental”. Un ejemplo es mi obra: “No Soy Loca, soy Bipolar” que ha conseguido tocar muy personalmente a públicos tan disímiles como el de Miami, (incluyendo a ciudadanos de habla hispana de distintas nacionalidades) como al público venezolano, en nuestra ciudad, Caracas. La reacción del público siempre es la misma, identificarse con el personaje.
Z3D: Un rincón de Caracas que te devuelva la paz cuando la ciudad se pone caótica.
JD: Más que un rincón de la ciudad, me gusta recorrerla. Me encanta manejar mi carro escuchando música, para mí es una manera de desestresarme. Incluso en una cola, me puedes ver cantando frente al volante, mientras los demás tocan corneta, estresados.
Z3D: Para cerrar, ¿qué mensaje le dejarías a ese público venezolano que, con una resiliencia admirable, siempre encuentra la fuerza para levantarse ante cualquier dificultad?
JD: Que nunca perdamos ese ímpetu, esa capacidad de levantarnos, de no derrumbarnos por más grandes que sean las adversidades. Aplaudo que, a pesar de todas las pruebas que nos ha tocado superar, no hemos perdido nuestros valores, ese sentido de “gente”; esa bondad y ese buen humor que nos caracteriza. Y que mantengamos muy firmemente esa convicción de que esto también pasará y que el futuro será mejor.
Por Karla Guzmán
Fotos Félix Espinoza @fe_espinoza
Coordenadas @duquescritor
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