La salud del corazón constituye un pilar esencial para el bienestar general y la calidad de vida. A pesar de que las enfermedades cardiovasculares representan la principal causa de mortalidad global, muchas personas continúan postergando los chequeos preventivos y la adopción de hábitos saludables. Con frecuencia se asume de manera errónea que los problemas cardíacos pertenecen de forma exclusiva a las etapas más avanzadas de la vejez, descuidando el control de factores de riesgo fundamentales.
El deterioro del sistema circulatorio ocurre de forma progresiva e silenciosa a lo largo de los años. Por esta razón, la medicina moderna insiste en que la prevención no debe comenzar cuando aparecen las primeras molestias, sino décadas antes.
Entender cómo responde nuestro cuerpo ante el paso del tiempo y ciertos factores ambientales resulta indispensable para proteger las arterias, evitar complicaciones futuras y garantizar una longevidad activa, plena y saludable.
Claves preventivas para proteger el corazón
El doctor Moisés Rodríguez, jefe de Cardiología del Hospital Universitario de Ourense, explica que las personas de cuarenta años suelen sentirse demasiado jóvenes para preocuparse por su corazón. No obstante, el especialista aclara que las arterias acumulan el daño silenciosamente con los años, por lo cual la prevención debe iniciar en esta etapa de la vida.
Para proteger la salud cardiovascular, el médico propone cinco pilares esenciales. El primero es conocer los niveles personales de presión arterial, colesterol, glucosa y peso. El segundo, y más crucial, consiste en no fumar bajo ninguna circunstancia. El tercero abarca una alimentación equilibrada basada en frutas y verduras, complementada con actividad física regular que incluya ejercicios de resistencia y fuerza muscular al menos dos veces por semana. Los últimos dos pilares son descansar adecuadamente y aprender a gestionar el estrés diario.
Rodríguez señala que el estrés crónico incrementa la presión y fomenta conductas perjudiciales como fumar, comer mal o no dormir bien. Destaca la relevancia de medir la lipoproteína A al menos una vez en la vida, un indicador genético poco conocido pero muy ligado a infartos.
Por otra parte, ante el calor intenso, el doctor advierte que los vasos sanguíneos se dilatan y el cuerpo pierde líquidos por el sudor. Esto obliga al corazón a trabajar con mayor intensidad, un esfuerzo que puede causar mareos o bajadas de tensión en pacientes con tratamientos médicos, quienes jamás deben modificar sus dosis sin consultar previamente al profesional sanitario.
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