El duelo es hoy el lenguaje que atraviesa a Venezuela. Desde aquel 24 de junio de 2026, cuando dos terremotos separados por 39 segundos sacudieron al país, la vida cotidiana quedó marcada por una mezcla difícil de nombrar: angustia, incertidumbre, tristeza, ira, dolor, impotencia.
Sentimientos que, con el paso de los días, se han convertido también en cifras. Según estimaciones de la Organización de Naciones Unidas, más de 6.7 millones de personas han sido afectadas directa o indirectamente por la emergencia.
La devastación dejó claro algo que los venezolanos intuían, pero no habían visto con esta fuerza: la capacidad de sostenerse unos a otros. Más de dos semanas después, mientras continúan las labores de recuperación y atención, el país sigue enfrentando un impacto emocional profundo que no se resuelve con rapidez. La solidaridad se ha vuelto rutina, pero el dolor también.
En medio de este escenario, las emociones han estado a flor de piel. No solo por las pérdidas humanas, sino por la ruptura de hogares, rutinas, proyectos de vida y la sensación de seguridad.
La psicóloga clínica Diana Rodríguez destaca que, en este contexto, no existe una forma correcta de atravesar una pérdida. Sobre todo, cuando se están experimentando múltiples duelos a la vez.
Z3D: ¿Cómo enfrentar la pérdida de un ser querido en medio de una tragedia natural?
DR: En medio de la emergencia, muchas personas sienten que no tienen tiempo para llorar porque deben resolver asuntos urgentes: como encontrar un lugar donde dormir, proteger a su familia, conseguir alimentos. Aunque esas responsabilidades son reales no significa que el dolor desaparezca, muchas veces queda en pausa y comienza a manifestarse semanas o incluso meses después a través de ansiedad, tristeza profunda, dificultad para dormir o cambios importantes en el estado de ánimo.
Es fundamental permitirnos sentir, llorar, recordar, hablar de la persona que falleció o simplemente guardar silencio. Eso también forma parte del proceso de sanar. No existe una obligación de estar bien rápidamente. Me gusta recordar que superar una pérdida, no significa olvidar a quien amamos, significa aprender poco a poco a vivir con esa ausencia, permitiendo que el amor permanezca mientras el dolor deja de ocupar todo el espacio. Ese proceso requiere tiempo, paciencia y cuando es necesario, apoyo emocional y profesional.
Z3D: ¿Qué hacer con el vacío que dejan las pérdidas materiales?
DR: Muchas veces pensamos que sólo se hace duelo por las personas, pero también hacemos duelo por aquello que representa nuestra historia. Perder una casa, fotografías, recuerdos familiares, o aquello que construimos durante años puede generar un profundo sentimiento de vacío.
Es importante validar ese dolor. A veces escuchamos frases como ‘lo importante es que estás vivo’, y aunque esa intención suele ser buena, también puede ser que la persona sienta que no tiene derecho a sufrir por lo que perdió. La realidad es que si lo tiene y es completamente normal sentir tristeza, rabia y frustración cuando desaparece aquello que representaba seguridad y estabilidad.
Z3D: ¿Cómo vivir el duelo sin apresurarse ni reprimir los sentimientos?
DR: Vivimos en una sociedad que muchas veces nos envía el mensaje de que debemos ser fuertes y seguir adelante rápidamente. Sin embargo, las emociones no funcionan bajo un calendario. El duelo necesita tiempo porque el vínculo con esa persona o con aquello que perdimos también tomó tiempo para construirse.
Cada persona vive el duelo de una manera distinta. Hay quienes lloran mucho, quienes necesitan hablar constantemente y quienes procesan el dolor desde el silencio. Ninguna de esas formas es incorrecta mientras la persona continúe conectándose con su realidad y permitiéndose vivir sus emociones. Lo que sí puede resultar perjudicial es intentar bloquear constantemente lo que sentimos.
Las emociones que reprimimos no desaparecen. Muchas veces terminan manifestándose de otras formas, como ansiedad, irritabilidad, problemas para dormir o incluso síntomas físicos. Por eso siempre invito a las personas a darse permiso para sentir sin juzgarse.
Z3D: ¿Qué significa aceptar un proceso de duelo en lugar de intentar “superarlo rápido”?
DR: Aceptar el duelo significa dejar de luchar contra nuestras propias emociones. Muchas personas llegan a consulta diciéndome, por ejemplo, ‘ya debería estar mejor’ o ‘ya pasarían varios meses, no entiendo por qué sigo llorando’ y justamente esa exigencia genera más sufrimiento.
El duelo no significa resignarse ni quedarse atrapado en el dolor, significa comprender que sanar no es olvidar ni dejar de amar a quien perdimos. Es aprender a integrar esa experiencia en nuestra historia de vida.
Más que preguntarnos cuánto tiempo debería durar un duelo, quizá la pregunta sea qué necesito hoy para cuidar de mí mientras atraviesa este proceso. Cuando dejamos de pelear con nuestras emociones comenzamos a darle un espacio para transformarse de manera más saludable.
Z3D: ¿Cómo acompañar a los niños en la comprensión de la pérdida y el miedo?
DR: Los niños también hacen duelo, aunque muchas veces lo expresan de una forma diferente a los adultos. Algunos hacen más preguntas, otros se muestran más irritables, otros quieren dormir con sus padres o vuelven a comportamientos propios de etapas anteriores, como mojar la cama o tener miedo de quedarse solos.
Lo primero es hablar con ellos utilizando un lenguaje sencillo, honesto y adaptado a su edad. Muchas veces los adultos evitamos conversar sobre lo ocurrido pensando que así los protegemos, pero ellos suelen percibir que algo pasa cuando no reciben información clara, su imaginación puede generar explicaciones todavía más aterradoras.
También es importante validar lo que sienten. Frases como ‘no llores’ o ‘tienes que ser fuerte’, pueden hacer que aprendan a esconder sus emociones. En cambio, decirles ‘entiendo que tengas miedo, es normal sentirse triste después de lo que pasó’, les enseña que todas las emociones son válidas. Mantener algunas rutinas, permitir que jueguen, dibujen o expresen lo que vivieron también ayuda muchísimo, porque el juego es una de las formas en la que los niños procesan emocionalmente las experiencias.
Algo que considero fundamental es que los adultos también cuidan de su propia salud mental. Un niño no necesita un adulto perfecto, necesita un adulto que incluso con miedo pueda transmitirle seguridad, contención y esperanza.
Z3D: ¿Qué papel juega la comunidad en la reconstrucción emocional de los sobrevivientes?
DR: Las personas no sanamos únicamente de manera individual también sanamos en comunidad. Sentir que no estamos solos, que alguien nos escucha, que nuestros vecinos, familiares o incluso personas desconocidas se acercan para ayudar, disminuye la sensación de desesperanza que suele aparecer después de una tragedia.
Desde la psicología, sabemos que el apoyo social es uno de los principales factores de protección frente al estrés postraumático. Compartir experiencias, sentirse comprendido y saber que hay personas dispuestas a acompañarnos fortalece nuestra capacidad de adaptación. Por eso, reconstruir una comunidad no significa únicamente levantar edificios nuevamente, significa recuperar la confianza, volver a sentir pertenencia y recordar que incluso en medio del dolor existen personas capaces de sostenernos.
Z3D: ¿Cómo manejar la culpa que sienten algunos sobrevivientes?
DR: Es muy común escuchar frases como ‘por qué yo sigo aquí y ellos no’ o ‘siento que pude haber hecho más’. Como psicólogos, sabemos que esa culpa, aunque es muy dolorosa, no significa necesariamente que exista una responsabilidad real. Muchas veces es el intento que hace nuestra mente por encontrar una explicación a algo que fue impredecible y estuvo completamente fuera de nuestro control.
En estos casos es importante ayudar a la persona a diferenciar la responsabilidad de las circunstancias. Haber sobrevivido no significa que hizo algo incorrecto ni que le falló a quienes ya no están.
También puede ser útil transformar esa “culpa” en acciones: ayudando a otros, participando en procesos de reconstrucción o manteniendo vivo el recuerdo de quienes perdieron a través de actos de solidaridad.
Seguir viviendo no quiere decir que olvidaste a quienes ya no están, al contrario, muchas veces vivir plenamente también puede convertirse en una forma de honrar su memoria.
Z3D: ¿Qué herramientas emocionales ayudan a sostenerse en la reconstrucción personal y colectiva?
DR: Mantener una red de apoyo. Hablar con familiares, amigos o profesionales permite disminuir la sensación de aislamiento, también ayuda a recuperar poco a poco algunas rutinas, porque las rutinas devuelven una sensación de estabilidad cuando todo parece incierto.
Es importante cuidar aspectos básicos como la alimentación, el descanso y la hidratación. A veces parecen detalles pequeños, pero el cuerpo y la mente están profundamente conectados.
Otra herramienta fundamental es permitirnos pedir ayuda. Muchas personas creen que hacerlo significa ser débiles, cuando en realidad el reconocer que necesitamos apoyo es una muestra de fortaleza y autocuidado.
Reconstruirse no implica volver a ser exactamente la persona que eras antes de la tragedia, porque las experiencias difíciles nos transforman. Lo importante es que esa transformación no ocurra desde la desesperanza, sino desde la posibilidad de descubrir que incluso después de una pérdida profunda, el ser humano tiene una enorme capacidad para adaptarse, repararse y encontrar nuevamente sentido a su vida.
También debemos reconstruir la esperanza. La salud mental es una parte esencial de esa recuperación. Permitámonos sentir, acompañemos a quienes lo necesitan y no tengamos miedo de pedir ayuda, porque sanar no significa olvidar lo vivido, sino encontrar la fuerza para seguir adelante sin dejar de honrar nuestra historia. Ninguna persona debería atravesar un duelo o una tragedia, sintiéndose sola o solo.
Por Wanda López Agostini
Fotos Cortesía
Coordenadas @psico.dianarv
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